viernes, 5 de febrero de 2010
Poema y comentario de María José Sanjuan
Hola, hace unos días que terminé de leer el libro de Rubén Bonifaz nuño, en honor a la verdad quiero decir que el libro,los poemas de la antología de visor,que es lo único que he leído de él, me han gustado de forma desigual, algunos me han gustado mucho, he logrado que me abrieran el pecho, que me emocionaran y otros por el contrarío me has resultado tan oscuros y crípticos que no me han gustado nada, para ser más exacta me han dejado absolutamente fría, demasidas palabras para no decir nada, sorry, espero que la opiniónes de los compañeros me ayuden a encontrar en esos poemas lo que me ha sido imposible encontrar en solitario. Espero no ser excomulgada.
Siguiendo la sugerencia de Jesús, mando un poema con el cual si que me he identificado, he sentido tantas veces lo mismo al ver las ventanas iluminadas entre la oscuridad de la noche, esas pantallas, esas cortinas de humo tras de las que se esconde lo que amamos, lo que odiamos, lo que desconocemos, lo que olvidamos.
En fin un bellísimo poema.
Cambiando de tema, me ha resultado muy complicado acceder al blog.
Y cambiando otra vez de tema, los comentarios de los compañeros sobre Idea Vilariño me parecieron de gran hondura,en fin muy, muy buenos.Yo envié un comentario pero no llegó, a ver si llega este. Un abrazo a todos.
DE NOCHE CON PASOS LENTOS...
De noche con pasos lentos,
caminando, viendo las ventanas opacas,
por las despobladas calles de alguna
ciudad, en la hora más honda y ciega;
cuando ya ninguno vela, y el aire
pesa con el sueño de las gentes.
Me sorprendo dulcemente, imagino
quiénes, cómo son los que duermen:
hombres fatigados, niños pálidos,
mujeres bellísimas cuyos cuerpos,
misteriosamentre enternecidos,
flotan como larvas en sus capullos
de sábanas puestas hace tres días.
Siento, raras veces pude sentirlo,
que las soledades y los deseos
llegan: buscan dentro de mí, me buscan.
Tras una ventana de éstas podrías
estar, indefensa, durmiendo,
tú para quien fue demasiado simple
la caja de vidrio que te encerraba
en mi corazón de veinte años,
y a quien un tendero anónimo
tomó como criada, tranquilamente,
después de pasar por un juzagado
y un vestido blanco y una iglesia.
¿Qué claros pilares sueñas de oro,
qué mareas cálidad, en costas
que nunca verás estando despierta?
Duermes, y estás libre, y te sonríes;
olvidas tus pisos lavados, tu cocina,
y los calcetines que aborreces.
Acaso esta misma noche en que pienso,
en este momento, mientras camino
por estos lugares próximos,
estás escuchando en alguna parte
las cosas que no te dije, el silencio
que no comprendiste: me has econtrado.
Y algo que yo tuve olvidado
mucho tiempo sube por mi tristeza
y va descubriéndose en secreto,
y me va ligando a ternuras
ajenas, a oscuros tormentos, a nostalgias.
Siguiendo la sugerencia de Jesús, mando un poema con el cual si que me he identificado, he sentido tantas veces lo mismo al ver las ventanas iluminadas entre la oscuridad de la noche, esas pantallas, esas cortinas de humo tras de las que se esconde lo que amamos, lo que odiamos, lo que desconocemos, lo que olvidamos.
En fin un bellísimo poema.
Cambiando de tema, me ha resultado muy complicado acceder al blog.
Y cambiando otra vez de tema, los comentarios de los compañeros sobre Idea Vilariño me parecieron de gran hondura,en fin muy, muy buenos.Yo envié un comentario pero no llegó, a ver si llega este. Un abrazo a todos.
DE NOCHE CON PASOS LENTOS...
De noche con pasos lentos,
caminando, viendo las ventanas opacas,
por las despobladas calles de alguna
ciudad, en la hora más honda y ciega;
cuando ya ninguno vela, y el aire
pesa con el sueño de las gentes.
Me sorprendo dulcemente, imagino
quiénes, cómo son los que duermen:
hombres fatigados, niños pálidos,
mujeres bellísimas cuyos cuerpos,
misteriosamentre enternecidos,
flotan como larvas en sus capullos
de sábanas puestas hace tres días.
Siento, raras veces pude sentirlo,
que las soledades y los deseos
llegan: buscan dentro de mí, me buscan.
Tras una ventana de éstas podrías
estar, indefensa, durmiendo,
tú para quien fue demasiado simple
la caja de vidrio que te encerraba
en mi corazón de veinte años,
y a quien un tendero anónimo
tomó como criada, tranquilamente,
después de pasar por un juzagado
y un vestido blanco y una iglesia.
¿Qué claros pilares sueñas de oro,
qué mareas cálidad, en costas
que nunca verás estando despierta?
Duermes, y estás libre, y te sonríes;
olvidas tus pisos lavados, tu cocina,
y los calcetines que aborreces.
Acaso esta misma noche en que pienso,
en este momento, mientras camino
por estos lugares próximos,
estás escuchando en alguna parte
las cosas que no te dije, el silencio
que no comprendiste: me has econtrado.
Y algo que yo tuve olvidado
mucho tiempo sube por mi tristeza
y va descubriéndose en secreto,
y me va ligando a ternuras
ajenas, a oscuros tormentos, a nostalgias.
jueves, 4 de febrero de 2010
Reflexiones III. Selección de poema/s de Rubén Bonifaz Nuño. (Sarli E. Mercado)
ALGO SE ME HA QUEBRADO ESTA MAÑANA…
Algo se me ha quebrado esta mañana
de andar, de cara en cara, preguntando
por el que vive dentro.
Y habla y se queja y se me tuerce
hasta la lengua del zapato,
por tener que aguantar como los hombres
tanta pobreza, tanto oscuro
camino a la vejez; tantos remiendos
nunca invisibles, en la piel del alma.
Yo no entiendo, yo quiero solamente
y trabajo en mi oficio.
Yo pienso: hay que vivir; dificultosa
y todo, [n]uestra vida es nuestra. (muestra)
Pero cuanta furia melancólica
hay en algunos días. Qué cansancio.
Cómo entonces
pensar e[n] platos venturosos (el)
en cucharas calmadas, en ratones
de lujosísimos departamentos,
si entonces recordamos que los platos
aúllan de nostalgia, boquiabiertos,
y despiertan secas las cucharas,
y desfallecen de hambre los ratones
en humildes cocinas.
Y conste que no hablo
en símbolos; hablo llanamente
de meras cosas del espíritu.
Qué insufribles, a veces, las virtudes
de la buena memoria; yo me acuerdo
hasta dormido, y aunque jure y grite
que no quiero acordarme.
De andar buscando llego.
Nadie, que sepa yo, quedó esperándome.
Hoy no conozco a nadie, y sólo escribo
y pienso en esta vida que no es bella
ni mucho menos, como dicen
los que viven dichosos. Yo no entiendo.
Escribo amargo y fácil,
Y en el día resollante y monótono
De no tener cabeza sobre el traje,
ni traje que no apriete,
ni mujer en qué caerse muerto.
(De Fuego de pobres, 1961)
¿Y HEMOS DE LLORAR PORQUE LAS COSAS…
¿Y hemos de llorar porque las cosas
están así sobre la tierra?
Hay una mujer, quedan amigos
Y el desprecio, Flaca, a lo que dueles.
No sé si habré de morir todo;
No todo he muerto; mientras vivo,
Me vienes guanga, compañera.
(De Calacas, 2003)
Gracias Jesús por la sugerencia de compartir un poema. Para mí fue imposible elegir un solo poema, así que agregué uno más al de Fuego de pobres (1961): el último de Calacas (2003). Son poemas escritos en dos momentos distintos en la vida del poeta y sin embargo hay cierto eco entre uno y otro. Ambos me invitaron a reflexionar sobre nuestro presente, sobre los múltiples modos de la pobreza, sobre la responsabilidad ética del individuo, la mía y la que siente el poeta. Reflexionar sobre las tragedias del presente, las de este siglo XXI y las que aún están con nosotros del pasado siglo. Hoy somos testigos de las continuas guerras en el Oriente Medio; de la experiencia de pobreza en Haití que sólo la naturaleza ha logrado ponerla en la lente, en el ojo de todos; o la crisis económica global —para nombrar sólo las que ahora eligen mencionar los medios de masa— “¿Hemos de llorar porque las cosas están así sobre la tierra?”pregunta Bonifaz Nuño. Y es que la pobreza de la que habla no es sólo la que golpea y hiere a los desposeídos, es también una pobreza de espíritu de “el que vive dentro” de nosotros mismos, como nos recuerda en los versos de “Algo se me ha quebrado esta mañana…”. Como ante un espejo cóncavo, el poeta apunta aquí al yo, a la memoria y a la muerte: la “Flaca” compañera de llegada “guanga”. 4/2/2010
Lectura de Rubén Bonifaz Nuño
Como acordamos en el encuentro que celebramos en la Casa de América, este mes de febrero corresponde la lectura de Rubén Bonifaz Nuño.
Algunos compañeros me han enviado ya sus textos. Os recuerdo que uno de los mayores atractivos del blog es la posibilidad de comentar esos textos y mantener una grata conversación sobre poesía.
Sabéis que una de las ediciones disponibles de la obra de Bonifaz Nuño es “Luz que regresa. Antología” editada por Visor.
lunes, 25 de enero de 2010
Algunas cuestiones por Juan Gelman
Varias intervenciones acerca de la poesía de Idea Vilariño muy interesantes, apropiadas y motivadoras han aparecido hasta ahora en el blog del Taller de Lectura y todas tienen algunas cosas en común. La más importante: los textos analizan la poesía de Idea desde una lectura cabal y, sobre todo, a partir de lo que su obra propone. Conocemos esa clase de críticos que nos quieren imponer su propia concepción de la obra de arte y que le niegan mérito a una mesa porque no es un dinosaurio. Me gustaría verlos tratando de escribir con la Olivetti o el ordenador apoyado sobre un dinosaurio.
Poesía y biografía
Marisol Villarrubia Zúñiga señala que intentó abstraerse de la relación Idea Vilariño/Juan Carlos Onetti, del compromiso político, la vida y las posibles influencias literarias de la poeta uruguaya. Creo que es el modo más justo y gozoso de leer. Obvio es que no hay
obra de arte, por abstracta que parezca, ajena a la experiencia de vida del autor, pero ahí se detiene la cosa. El poeta, como cualquier persona, interroga los rostros de esa experiencia con la imaginación, pero él trata de encontrar respuestas en la expresión. Así la biografía es transformada y se vierte, diferente a sí misma, en escritura.
¿Quién es el o la que escribe?
Alicia Anaya cita versos de Idea que aluden a este asunto (en relación con otro al que me refiero más abajo) y su conclusión es clara: el poeta mismo no sabe qué está haciendo. Es cierto, pienso. Muchos creadores han hablado de ese “otro” que es quien verdaderamente escribe. Sería un “otro” del poeta que intenta una expresión liberada de la palabra impuesta y de los acomodamientos del lenguaje al trato con la cotidianeidad. Proust dio, a mi juicio, una definición precisa del fenómeno: el que dicta es alguien que mora en lo más profundo del que escribe y a quien éste no conoce hasta que le da palabra. Como San Juan decía, es un no saber sabiendo.
Nuevamente el contenido
Alicia vincula ese “no saber” con la cuestión del contenido de un poema, una pregunta que instalé en el texto de bienvenida a los participantes del Taller, y sugiere que, a veces, ni el poeta sabe cuál es. Blanca Fernández no opina lo mismo: menciona Para decirlo de alguna manera y estima que el poema de Idea “no dice nada de lo que dice, es decir, es como la conciencia que brota de la mente siendo el poema el soporte (la mente) y la luz lo que trasciende del poema (la conciencia)”. A José David García Callejas (me gusta que me llamen Juan sin más), los poemas que le interesan son aquéllos en los que el “argumento” se diluye “en el ritmo, en la raíz” y en los que “las palabras acaban siendo una pequeña parte del mensaje”. Aunque parecen reflexiones disímiles, juntas construyen la trenza del problema.
Aclaro, sin embargo, que traje a colación el tema por la vieja discusión entre los “contenidistas” y otros, dicho esto con simpleza. Los primeros valoran lo que el poema avienta literal y directamente al lector más que la voz, la respiración y el tono del decirlo en los que late, como infiere José David si no lo interpreto mal, el verdadero mensaje del poema. El poeta podrá no saber qué está escribiendo, pero se empeña en escribirlo, con mayor o menor fortuna. Y a ésta se suma otra paradoja: el yo del poeta procura su propia abolición para decirse.
Leer poesía
Ana Rodríguez Callealta recorre con justo elogio el abanico de sentimientos que mueven a Idea expresa, critica la puntuación de sus versos porque le hacen perder significación y destaca Ya no “un poema en el que es muy fácil sentirse dentro”. José David prefiere “los recovecos, las esquinas oscuras, los silencios (del lenguaje) que tanto dicen”. Son dos maneras de leer poesía. La última es más lenta y transforma al lector.
jueves, 14 de enero de 2010
El hilo en equilibrio por Alicia Naya
Como aceptar la falta
de savia
de perfume
de agua
de aire
cómo
Idea Vilariño - NO
Cuando la vida se hace monótona, pesada; como antídoto a la muerte del alma por ausencia de belleza, es obligado refugiarse en el arte, la poesía. “Como en la playa virgen/ dobla el viento/ el leve junco verde/ que dibuja/ un delicado círculo en la arena/ así en mi/ tu recuerdo” I. V. de Poemas de amor. “Comparación”.
Juan, en la bienvenida al blog, te haces, nos haces varias preguntas, acera del acto mismo de la creación –por lo visto- asunto que la poesía universal aborda, desde hace mas de 40 siglos, camino que aún transitamos buscando respuestas. Pero, acaso, no son las preguntas como esas “estelas” de las que habla Machado . Mientras que las respuestas solo sirven para un momento y lugar determinado. La primera que nos haces; ¿Cuál es el verdadero contenido de un poema? Como nos sugiere Idea en el diálogo que mantiene con el desaparecido Rubén Darío, a veces, quizás, ni es mismo creador lo sepa. “De dónde te brotaban/ tus versos tus palabras/ …..No se. Acaso del pobre/ corazón arrancado/ ….Vaya a saber. Tal vez/ tú mismo no supieras. De Poetas “A un poeta”.
Otro poema de Idea que me ronda; “Es otra/ acaso es otra/ ….y no busca saber/
no necesita/ y no quiere saber/ nada de nadie.” La poesía también, como un acto de amor, de seducción. En este poema parece haber un paralelismo entre dos polos, lo que sientes, cuando el acto amoroso/poético, trasciende y te deja “…..y quedeme no sabiendo/ toda ciencia trascendiendo” San Juan. Y el lenguaje, con el que se intenta -a veces algunos lo consiguen- dejar constancia de esos momentos únicos. Dice Octavio Paz, en un ensayo sobre el poeta mejicano, Ramón López Velarde, que este ha escrito dos de los versos mas hermosos y enigmáticos del pasado siglo. Estas líneas, expresan la experiencia de la unidad en la diversidad y oponen al frenesí de la pasión, la serenidad de la compasión. López Velarde dice que se conmueve:
“con la ignorancia de la nieve
Y la sabiduría del jacinto”
Los grandes poetas –para nuestro disfrute-, conseguís esto, que vuestra poesía germine, dé vida. Lográis conectar con esa vía láctea de amor que atraviesa el universo y sólo toca a aquél que en un momento determinado, es capaz de abstraerse a egoísmos y prejuicios terrenales.
Sé que sólo me he fijado en alguna arista del poliedro que es Idea Vilariño, que abarca desde la luz tenue del amanecer, pasando por la luz del mediodía “…. esa hora de miel en que el instinto/ zumba como una abeja somnolienta” Hasta la más oscura y profunda noche, “….el mar cerrado/ el mar/ sólo en la noche, envuelto/ …” Pero, siempre al final del poema, consigue hacer tintinear una pequeña luz. Trataré de explicarlo; a veces en sus nocturnos, la oscuridad es total, la soledad se mastica “… solo como un muerto en su caja doble/ golpeando la caja y aullando/ …” de Nocturnos “Se está solo”. Pero ante este abismo, ella retrocede e intenta a través del lenguaje, una comunicación/comunión con nosotros –con un posible lector-. En el final de poema -A un retrato de Charles Baudelaire- “….Ahí estas solo/ hijo de perra/ solo/ pero aún estás pidiendo/ con la mano escondida/ tras la pupila fiera.” Nos da una muestra mas de cómo ilumina la oscuridad; con su mirada, humaniza a “el poeta maldito”, como Mary Shelley crea a su monstruo” – en el que en realidad se reflejaba ella misma-. un ser fragmentado en pedazos, pero a la vez conmovedoramente humano en su necesidad de afecto. La tétrica luz de esta obra, ha atravesado el camino desde su creación hasta nuestros días. El argumento en este caso, como apuntas Juan en el blog, ¿no residirá en que nombra lo que no tenía nombre todavía? . El amor en Idea, siempre como hilo conductor, como bisagra que la une al mundo.
Los versos de Idea Vilariño emiten luz. La luz de un planeta ya extinto.
miércoles, 13 de enero de 2010
Lectura sobre la obra de Idea Vilariño por Mónica López Bordón
Me ha impresionado de la escritura de Idea Vilariño su rotundidad y claridad, la descripción de cualquier sentimiento sin dar rodeo por duro que sea. Ejemplos de ello los vamos a encontrar a lo largo de toda su obra y especialmente en “Pobre mundo”.
Entiendo que escribe de nostalgia, melancolía, falta y vacío, decepción que, a veces, tiene la vida, algunas vidas, según lo ojos que la miren. También denuncia, hastío o desagrado. Su caminar es como ese hallazgo de la vida que, por ejemplo, le dedica a Manu el Clips (en la pág. 31 de la edición de Lumen), donde escribe y describe el Paraíso Perdido (pág. 71): “Quiero pedir que no y volver”; al igual que el impactante “Trabajar para la muerte”: brutal y veraz poema que transcurre por la piel como un vuelo. Escribe del amor con el desgarro de la distancia, del no tener o del no tener-lo, de la ausencia.
Y para hacer una fundamentación histórico-social, es decir, lo que amo de esa poesía: es eso mismo, la poesía en estado puro como “El cielo triste y caliente, indolente, bajo, claro (…)” (página 39); el Mediodía del Verano de La Suplicante (página 51); Trabajar para la muerte (página 76) y a continuación Poema con esperanza (pág. 78), estupendo juego para seguir viviendo. De sus poemas de amor, bellísimo “Te estoy llamando” (pág. 143); Dónde (pág. 149); Carta I (pág. 155): “Pensando en ti/ mirándote/ sin dejarte caer/ anhelándote/ amándote/ diciéndote querido”. También el amor que Vive (pág. 163); Comparación (pág. 165) firme y contundente; El amor (pág. 184) y “Para decirlo de alguna manera” (pág. 193), espléndido. Y como comenté anteriormente del realismo de Pobre Mundo: “Me voy a morir” (pág. 239) y “Agradecimiento” (pág. 253).
Para terminar, cierro con la última parte del libro, pequeños poemas a modo de haikus, pensamientos en voz alta, alguna decisión tomada y dejada en la hoja escrita:
“Inútil decir más.
Nombrar alcanza”
Seis por Blanca Fernández
SEIS
Hola a todos, comentaré mis impresiones de los poemas de Vilariño de su libro “Poemas de amor”.
Los poemas de amor de Vilariño son como una tela blanca de lino bien planchada, sin bordados, sin cenefas, su mayor ornamento es la sencillez, aunque hay excepciones que luego indicaré.
La figura de Onetti, vertebrador de estos poemas, es mostrado por la poeta con diferentes rostros: el extraño, el huésped, el testigo, juez y dios (de ella), el motivo último de su existencia (toda su vida fluye hacia el encuentro con el mar que es el amado), la noche como símbolo del misterio del amado (que reina y acoge el sueño del mundo)
La poeta desea “validar su vida “con el amado, algo que ella sabe imposible. El amado es o está en muchas ocasiones ausente, ausencia peor que la muerte. En “La llamada” apela a la muerte salvadora de su desesperación por la ausencia del amado.
Las excepciones a la sencillez expresiva y semántica de Vilariño son los poemas de contenido sexual. En ellos el lenguaje es recreado para fundar el encuentro amoroso. “Para decirlo de alguna manera” es un ejemplo para preguntarnos –como dijiste Gelman en tu charla en Casa de América- de qué habla el poema. Es evidente que este poema no dice nada de lo que dice, es decir, es como la conciencia que brota de la mente siendo el poema el soporte (la mente) y la luz lo que trasciende del poema (la conciencia). Vilariño utiliza imágenes acuáticas y cósmicas en esta ocasión, el mar simboliza el lugar del principio y del fin, donde brota la vida y a donde llegan todas las aguas. Particularmente este es uno de los poemas que más me ha gustado del libro:
PARA DECIRLO DE ALGUNA MANERA
Removemos arenas por el fondo
un pez escapa un pez cimbreante y fúlgido
y huidizo se escapa pero aletea próximo
rozando un alga de oro.
El agua envuelve pesa ahoga o enardece o sepulta
una ola levanta oscuramente
su delgada carrera fulgurante.
De pronto se retira. Algo se ahoga
algo va centellea fuga se hunde
reaparece. Un látigo de sombra
pega pasa retorna pega aún
se enrosca al cuello al pecho a la cintura
suena lánguido y limpio y acaricia. Pasa y pega.
Pega y sombrea lento
y un sordo sol amargo rueda al fondo.
Entre cosas oscuras entre líquenes
entre formas babosas y vibrantes
un golpe y un susurro un golpe y un susurro
que se apaga se borra. Un golpe y un susurro.
Una luna blandísima sube chorreando sombra
sube blanda se mueve
y una nube caliente se derrumba en lo oscuro.
Una brasa liviana se debate en el agua
lanza una pobre llama un dardo vacilante
una lengua triunfal un tronco espléndido.
Una nube de cieno fosforece. Y toda el agua roja
alienta muge lanza una vena violenta un rayo de oro
y el mar entero silencioso espera
se repliega y espera
estalla suavemente.
Querido Gelman y resto de participantes del taller, no voy a alargarme más, os dejo con la incógnita del numero seis. “Seis” es un poema-enigma, al leerlo percibí el número como una pulsión, algo que latía seis veces, algo que ella cuenta y siente seis veces.
SEIS
Entonces
todo se vino
y cuando vino
y
me quedé inmóvil
tú
tú te quedaste inmóvil
lo dejaste saltar
quejándose seis veces.
Seis.
Y no sabés qué hermoso.
Hola a todos, comentaré mis impresiones de los poemas de Vilariño de su libro “Poemas de amor”.
Los poemas de amor de Vilariño son como una tela blanca de lino bien planchada, sin bordados, sin cenefas, su mayor ornamento es la sencillez, aunque hay excepciones que luego indicaré.
La figura de Onetti, vertebrador de estos poemas, es mostrado por la poeta con diferentes rostros: el extraño, el huésped, el testigo, juez y dios (de ella), el motivo último de su existencia (toda su vida fluye hacia el encuentro con el mar que es el amado), la noche como símbolo del misterio del amado (que reina y acoge el sueño del mundo)
La poeta desea “validar su vida “con el amado, algo que ella sabe imposible. El amado es o está en muchas ocasiones ausente, ausencia peor que la muerte. En “La llamada” apela a la muerte salvadora de su desesperación por la ausencia del amado.
Las excepciones a la sencillez expresiva y semántica de Vilariño son los poemas de contenido sexual. En ellos el lenguaje es recreado para fundar el encuentro amoroso. “Para decirlo de alguna manera” es un ejemplo para preguntarnos –como dijiste Gelman en tu charla en Casa de América- de qué habla el poema. Es evidente que este poema no dice nada de lo que dice, es decir, es como la conciencia que brota de la mente siendo el poema el soporte (la mente) y la luz lo que trasciende del poema (la conciencia). Vilariño utiliza imágenes acuáticas y cósmicas en esta ocasión, el mar simboliza el lugar del principio y del fin, donde brota la vida y a donde llegan todas las aguas. Particularmente este es uno de los poemas que más me ha gustado del libro:
PARA DECIRLO DE ALGUNA MANERA
Removemos arenas por el fondo
un pez escapa un pez cimbreante y fúlgido
y huidizo se escapa pero aletea próximo
rozando un alga de oro.
El agua envuelve pesa ahoga o enardece o sepulta
una ola levanta oscuramente
su delgada carrera fulgurante.
De pronto se retira. Algo se ahoga
algo va centellea fuga se hunde
reaparece. Un látigo de sombra
pega pasa retorna pega aún
se enrosca al cuello al pecho a la cintura
suena lánguido y limpio y acaricia. Pasa y pega.
Pega y sombrea lento
y un sordo sol amargo rueda al fondo.
Entre cosas oscuras entre líquenes
entre formas babosas y vibrantes
un golpe y un susurro un golpe y un susurro
que se apaga se borra. Un golpe y un susurro.
Una luna blandísima sube chorreando sombra
sube blanda se mueve
y una nube caliente se derrumba en lo oscuro.
Una brasa liviana se debate en el agua
lanza una pobre llama un dardo vacilante
una lengua triunfal un tronco espléndido.
Una nube de cieno fosforece. Y toda el agua roja
alienta muge lanza una vena violenta un rayo de oro
y el mar entero silencioso espera
se repliega y espera
estalla suavemente.
Querido Gelman y resto de participantes del taller, no voy a alargarme más, os dejo con la incógnita del numero seis. “Seis” es un poema-enigma, al leerlo percibí el número como una pulsión, algo que latía seis veces, algo que ella cuenta y siente seis veces.
SEIS
Entonces
todo se vino
y cuando vino
y
me quedé inmóvil
tú
tú te quedaste inmóvil
lo dejaste saltar
quejándose seis veces.
Seis.
Y no sabés qué hermoso.
sábado, 9 de enero de 2010
Apuntes a la poesía de Idea Vilariño por Marisol Villarrubia Zúñiga
No conocía su poesía. Confieso que me ha sobrecogido y por lo que he leído, a otros también. En Internet encontré una de las escasas entrevistas que concedió durante su vida. Fue publicada en el diario mejicano La Jornada (8 de agosto de 2004 en su nº 492). En ésta hallé cosas inquietantes que me abrumaron al igual que su poesía. A la pregunta, “¿qué es para ti la poesía?”, respondió que era “una forma de ser, de mi ser. Todo lo demás en mi vida son accidentes”. La poesía era su esencia y lo sentenció con la frase: “Mi poesía soy yo”. El resto era “accidental”, “pudo ser profesora o no; sola o no...”. Si seguimos la premisa del existencialismo, “es la existencia del ser humano la que define su esencia y no al revés” por tanto, ¿era la existencia de Idea Vilariño la que definía su esencia, su poesía? Sólo me atrevo a preguntarlo. ¿Por qué? La respuesta está en su poesía, en sus palabras: “Escribir poesía es el acto más privado de mi vida realizado siempre en el colmo de la soledad y del ensimismamiento, realizado para nadie, para nada”. La poesía no es un acto de expresión estética, es su expresión más íntima y privada, algo suyo hecho para “nadie” para “nada”. Nada, nadie, nunca, tres conceptos que se repiten en su poesía. ¿Qué es la existencia? ¿Quiénes somos realmente? En la entrevista nos descubre que una noche en Cuba leía sus poemas para saber quién era y recita esta en particular: “Yo./ No sé quién soy./ Mi nombre/ ya no me dice nada./ No sé qué estoy haciendo./ Nada tiene ya más que ver con nada/ Digo yo/ por decirlo de algún modo.” Nada, ninguna cosa, la negación de todo, la inexistencia.
Idea Vilariño no “buscaba llegar a otro, comunicar” y no deseó “haber publicado nunca”, mostrarnos su esencia pero lo hizo. ¿Por qué? Ella misma admite que “publicar fue tan contradictorio, tan poco coherente como seguir viviendo cuando sabía, y cómo, cuando pensaba lo que pensaba del hecho de vivir”. Paradojas de la vida que le llevaron a experimentar un sentimiento predominante “de violencia y rechazo” porque se estaba “invadiendo sus fueros más privados”. Esta entrevista me abrumó como su poesía y me llenó de dudas. Sabiendo lo que sabía, ¿tenía derecho a diseccionar su poesía, es decir, a ella misma? ¿Cómo abordar su poesía sin “invadir su espacio privado o “violentar su poesía? Creo que ella misma nos dio la clave: “La propia índole de lo que escribo lleva al crítico a ocuparse de la persona más que de lo hecho”.
Intentaré abstraerme de la imagen de Idea Vilariño, del apasionado romance que mantuvo con Onetti, de su compromiso político, de su vida, de sus posibles influencias literarias (Juan Ramón, José Asunción de Silva) y estéticas (Servien)... Por eso, en su poesía no he buscado a Idea Vilariño mujer o escritora, he buscado sólo las imágenes de ese universo contradictorio y existencial (“publicar sin querer publicar, de vivir sin querer vivir”).
“El amor no es más que un pozo de agua oscura,/ los astros sólo son barro que brilla,/ el amor, sueño, glándulas, locura,/ la noche no es azul, es amarilla”. Amor, la primera paradoja: es vida (glándula) pero también muerte (pozo de agua oscura). Amor, alegría y dolor. Amor como algo obsesivo, como vida y muerte: donde nace una muere la otra y viceversa. Se establece un contrapunto, el equilibrio de una balanza, la contradicción primera: vida y muerte. Una poesía, solo aparentemente simple, que hace que fluya con un ritmo extraño, bello y angustioso las penas profundas del corazón. Una poesía casi exenta de puntuación, ni estrofas, ni versos, sin una supuesta rima porque la poesía nace de la ordenación de las palabras y el ritmo llegará a través de sus acentos.
A veces, sin embargo, la controversia está más escondida: “Es negro para siempre/ las estrellas, los soles y las lunas/ y pingajos de luz diversos/ con pequeños errores/ suciedad pasajera/ en la ternura espléndida/ sin tiempo/ silenciosa”. La oscuridad lo inunda todo pero hay un pequeño rasgo opuesto: “la ternura espléndida”. La muerte, la frustración, el dolor, la desesperación tienen, sin embargo, su contrapunto como todo en nuestra existencia, en boca de Idea Vilariño: “este amor desgarrado por el mundo”.
La energía fundamental del ser, lo que empuja a nuestra existencia a materializarse en el otro. A veces, el resultado es la unión y el encuentro pero en otras ocasiones, supone división y muerte, en la medida en la que uno es capaz de destruir el valor del otro al intentar someterlo a uno mismo en lugar de enriquecerse recíprocamente.
En la poesía El amor, aparece esta controversia entre el amor, vida o existencia pero también muerte (me canta y yo le canto – me hiere y yo le sangro) presente en el juego igualdad-superación: “me mira – le miro” (iguala a lo tierno), “me destroza – lo quiebro” (supera a lo cruel). Así es como se compone la vida, de ternura y crueldad, de bueno y malo. La vida descrita en su poema Eso en el que se sirve únicamente de sustantivos. Si se nos permitiera unir cada verso con el verso siguiente usando el verbo “ser” (vida, posibilidad de existir) parece que encontramos una explicación al cansancio, alegría, humildad, nostalgia, sentido común... Para llegar al final sentencioso: “mi agonía (es) mi herencia irrenunciable y dolorosa/ mi sufrimiento (es) mi pobre vida”. Angustia y sufrimiento existencial que experimentamos a lo largo de la vida llena de contradicciones. Una existencia amarga o dulce a la que sin embargo, no podemos renunciar como en el poema Te estoy llamando. Cuatro veces repite la perífrasis durativa “estar + gerundio”: “estoy llamando”, la acción en su progreso que se desarrolla de menos a más, lo que da fuerza e intensidad al poema.
- Nos dice desde el lugar al que llama: la sombra-el dolor-pozo asfixiante. Elementos constantes de un mundo sombrío y doloroso que se repiten en la poesía de Idea Vilariño.
- Nos especifica a qué llama: al destino-al sueño-a la paz. El ineludible destino que marca nuestra existencia que al alcanzarse suele ser sinónimo de fin o muerte. El sueño, que no se basa en la razón ni en la realidad, es la inactividad del ser como lo es el destino y también la paz, final de la lucha. Por tanto, los tres términos tienen mucho en común.
- Nos habla de los tres elementos que utiliza para llamar: la voz-el cuerpo-la vida. Y otros tres elementos que también utiliza en su llamada pero tienen una categoría distinta: desesperación-sed-llanto.
- En la parte final, los lugares (sombra-dolor-pozo asfixiante) se transforman finalmente en noche ciega-olvido-horas cerradas pero parecen tener el mismo desgarro y desesperación.
- Sólo nos queda el modo en el que “está llamando”:
“como si fueras aire y yo me ahogara”
“como si fueras luz y me muriera”
“como a la muerte, como a la muerte”
Notamos en el último verso la ausencia de la condición “si fueras” porque ya no insinúa, la muerte es muerte sin comparación posible, sin rodeos.
Podríamos estar buscando estos elementos en todos sus poemas de amor, probablemente en otros, en los que para mí se ocultan los dilemas y las premisas más profundas del existencialismo: quién soy (la percepción del yo), la responsabilidad como individuo, la libertad, la acción, la temporalidad del hombre, lo absurdo del existir, la naturaleza del ser humano, la vida, la muerte. Es la existencia del ser humano la que define su esencia y no al revés, aunque esa existencia esté caracterizada por el dolor, el sufrimiento, la angustia que proviene, precisamente, de esa constante búsqueda para obtener una respuesta que pueda dar sentido o justifique nuestra existencia. En su poema Ya no, se constatan estas ideas; lo que es y pudo ser, lo que se tuvo y ya no se tiene. La negación “ya no” que es realmente una suma “además”. Un poema dilapidario porque en definitiva no habrá tenido ni tendrá nada, ni siquiera la culminación del destino donde todo dilema existencial se termina. En la propia existencia nace la dolorosa angustia, el juego existir-no existir, “quiero morir. No muero” en su poema Quiero morir o “Quiero morir. No quiero” en el Poema número 19.
La existencia que se transforma. Esa transformación que se intuye en la trilogía Mediodía-Tarde-Noche, la contraposición total de las imágenes de la vida y la muerte (amanecer y ocaso) que finalmente me lleva a su poema:
Podés creer que nada
Le sirve nunca
A nadie
Para nada
Las palabras al final de cada verso son reveladoras: nada-nunca-nadie-nada. La inexistencia de todo, la negación total. Esto es lo que yo he sentido con la poesía de Idea Vilariño: angustia por la existencia pero también por la no-existencia. Pero, ¿qué se esconde realmente detrás del “acto íntimo”, “privado” y “de ensimismamiento” de esta poetisa? Con permiso de Idea Vilariño: Nadie, nunca sabrá nada.
Idea Vilariño no “buscaba llegar a otro, comunicar” y no deseó “haber publicado nunca”, mostrarnos su esencia pero lo hizo. ¿Por qué? Ella misma admite que “publicar fue tan contradictorio, tan poco coherente como seguir viviendo cuando sabía, y cómo, cuando pensaba lo que pensaba del hecho de vivir”. Paradojas de la vida que le llevaron a experimentar un sentimiento predominante “de violencia y rechazo” porque se estaba “invadiendo sus fueros más privados”. Esta entrevista me abrumó como su poesía y me llenó de dudas. Sabiendo lo que sabía, ¿tenía derecho a diseccionar su poesía, es decir, a ella misma? ¿Cómo abordar su poesía sin “invadir su espacio privado o “violentar su poesía? Creo que ella misma nos dio la clave: “La propia índole de lo que escribo lleva al crítico a ocuparse de la persona más que de lo hecho”.
Intentaré abstraerme de la imagen de Idea Vilariño, del apasionado romance que mantuvo con Onetti, de su compromiso político, de su vida, de sus posibles influencias literarias (Juan Ramón, José Asunción de Silva) y estéticas (Servien)... Por eso, en su poesía no he buscado a Idea Vilariño mujer o escritora, he buscado sólo las imágenes de ese universo contradictorio y existencial (“publicar sin querer publicar, de vivir sin querer vivir”).
“El amor no es más que un pozo de agua oscura,/ los astros sólo son barro que brilla,/ el amor, sueño, glándulas, locura,/ la noche no es azul, es amarilla”. Amor, la primera paradoja: es vida (glándula) pero también muerte (pozo de agua oscura). Amor, alegría y dolor. Amor como algo obsesivo, como vida y muerte: donde nace una muere la otra y viceversa. Se establece un contrapunto, el equilibrio de una balanza, la contradicción primera: vida y muerte. Una poesía, solo aparentemente simple, que hace que fluya con un ritmo extraño, bello y angustioso las penas profundas del corazón. Una poesía casi exenta de puntuación, ni estrofas, ni versos, sin una supuesta rima porque la poesía nace de la ordenación de las palabras y el ritmo llegará a través de sus acentos.
A veces, sin embargo, la controversia está más escondida: “Es negro para siempre/ las estrellas, los soles y las lunas/ y pingajos de luz diversos/ con pequeños errores/ suciedad pasajera/ en la ternura espléndida/ sin tiempo/ silenciosa”. La oscuridad lo inunda todo pero hay un pequeño rasgo opuesto: “la ternura espléndida”. La muerte, la frustración, el dolor, la desesperación tienen, sin embargo, su contrapunto como todo en nuestra existencia, en boca de Idea Vilariño: “este amor desgarrado por el mundo”.
La energía fundamental del ser, lo que empuja a nuestra existencia a materializarse en el otro. A veces, el resultado es la unión y el encuentro pero en otras ocasiones, supone división y muerte, en la medida en la que uno es capaz de destruir el valor del otro al intentar someterlo a uno mismo en lugar de enriquecerse recíprocamente.
En la poesía El amor, aparece esta controversia entre el amor, vida o existencia pero también muerte (me canta y yo le canto – me hiere y yo le sangro) presente en el juego igualdad-superación: “me mira – le miro” (iguala a lo tierno), “me destroza – lo quiebro” (supera a lo cruel). Así es como se compone la vida, de ternura y crueldad, de bueno y malo. La vida descrita en su poema Eso en el que se sirve únicamente de sustantivos. Si se nos permitiera unir cada verso con el verso siguiente usando el verbo “ser” (vida, posibilidad de existir) parece que encontramos una explicación al cansancio, alegría, humildad, nostalgia, sentido común... Para llegar al final sentencioso: “mi agonía (es) mi herencia irrenunciable y dolorosa/ mi sufrimiento (es) mi pobre vida”. Angustia y sufrimiento existencial que experimentamos a lo largo de la vida llena de contradicciones. Una existencia amarga o dulce a la que sin embargo, no podemos renunciar como en el poema Te estoy llamando. Cuatro veces repite la perífrasis durativa “estar + gerundio”: “estoy llamando”, la acción en su progreso que se desarrolla de menos a más, lo que da fuerza e intensidad al poema.
- Nos dice desde el lugar al que llama: la sombra-el dolor-pozo asfixiante. Elementos constantes de un mundo sombrío y doloroso que se repiten en la poesía de Idea Vilariño.
- Nos especifica a qué llama: al destino-al sueño-a la paz. El ineludible destino que marca nuestra existencia que al alcanzarse suele ser sinónimo de fin o muerte. El sueño, que no se basa en la razón ni en la realidad, es la inactividad del ser como lo es el destino y también la paz, final de la lucha. Por tanto, los tres términos tienen mucho en común.
- Nos habla de los tres elementos que utiliza para llamar: la voz-el cuerpo-la vida. Y otros tres elementos que también utiliza en su llamada pero tienen una categoría distinta: desesperación-sed-llanto.
- En la parte final, los lugares (sombra-dolor-pozo asfixiante) se transforman finalmente en noche ciega-olvido-horas cerradas pero parecen tener el mismo desgarro y desesperación.
- Sólo nos queda el modo en el que “está llamando”:
“como si fueras aire y yo me ahogara”
“como si fueras luz y me muriera”
“como a la muerte, como a la muerte”
Notamos en el último verso la ausencia de la condición “si fueras” porque ya no insinúa, la muerte es muerte sin comparación posible, sin rodeos.
Podríamos estar buscando estos elementos en todos sus poemas de amor, probablemente en otros, en los que para mí se ocultan los dilemas y las premisas más profundas del existencialismo: quién soy (la percepción del yo), la responsabilidad como individuo, la libertad, la acción, la temporalidad del hombre, lo absurdo del existir, la naturaleza del ser humano, la vida, la muerte. Es la existencia del ser humano la que define su esencia y no al revés, aunque esa existencia esté caracterizada por el dolor, el sufrimiento, la angustia que proviene, precisamente, de esa constante búsqueda para obtener una respuesta que pueda dar sentido o justifique nuestra existencia. En su poema Ya no, se constatan estas ideas; lo que es y pudo ser, lo que se tuvo y ya no se tiene. La negación “ya no” que es realmente una suma “además”. Un poema dilapidario porque en definitiva no habrá tenido ni tendrá nada, ni siquiera la culminación del destino donde todo dilema existencial se termina. En la propia existencia nace la dolorosa angustia, el juego existir-no existir, “quiero morir. No muero” en su poema Quiero morir o “Quiero morir. No quiero” en el Poema número 19.
La existencia que se transforma. Esa transformación que se intuye en la trilogía Mediodía-Tarde-Noche, la contraposición total de las imágenes de la vida y la muerte (amanecer y ocaso) que finalmente me lleva a su poema:
Podés creer que nada
Le sirve nunca
A nadie
Para nada
Las palabras al final de cada verso son reveladoras: nada-nunca-nadie-nada. La inexistencia de todo, la negación total. Esto es lo que yo he sentido con la poesía de Idea Vilariño: angustia por la existencia pero también por la no-existencia. Pero, ¿qué se esconde realmente detrás del “acto íntimo”, “privado” y “de ensimismamiento” de esta poetisa? Con permiso de Idea Vilariño: Nadie, nunca sabrá nada.
jueves, 7 de enero de 2010
Comentarios a la obra de Idea Vilariño por Ana Rodríguez Callealta
Idea Vilariño se me presenta como una poeta de una sensibilidad exquisita que llena sus poemas de pequeños detalles teñidos de nostalgia y soledad cotidianas. Idea es una poeta que se desnuda en sus poemas, que siente y vive con la nostalgia en las pupilas, tiñendo con ella todo lo que ve y describe.
La lectura de su obra completa nos deja con una sensación de nostalgia, con una tristeza que se instala en lo más profundo del ser.
Encontramos en sus poemas imágenes exquisitas, metáforas perfectas. No gusta en exceso de la hipérbole, hecho que conlleva que sus poemas sean sencillos y claros, directos. Utiliza un lenguaje cotidiano, cercano que se eleva con el propio poema de la mano de la autora.
Algo que es imprescindible comentar es el uso que hace de los signos de puntuación. Desde mi punto de vista, el uso anárquico del que tanto gusta lleva a veces a que se pierda gran parte de la significación del poema, pues es bajo mi humilde opinión un uso que dista mucho de la exquisitez. Los signos de puntuación son en poesía un complicado juego que, de no ser perfecto, es perjudicial.
Hay poemas “redondos” a lo largo de su obra completa. Destaco Ya no porque es un poema en el que es muy fácil sentirse dentro. Constituye casi una elegía al amor terminado, una proyección futura de la distancia entre dos personas. Es un juego en el que lo más importante no es lo que ha sido, sino lo que habría de ser y no será, contando con la felicidad como parte del mañana, pero con el matiz nostálgico del presente.
Los temas recurrentes son el amor, el olvido, el paso del tiempo, el peso de la nostalgia y la tristeza. Idea Vilariño nos muestra lo real de la vida, la muerte diaria que experimentamos a cada paso. Creo que lo que más pesa sobre ella es la soledad, una soledad muy personal que nos llega y nos atraviesa. Es ese tipo de soledad que todos experimentamos y que no podemos compartir, y ella, sin embargo, con su magistral poesía, nos acompaña. Es una preciosa paradoja que no podemos dejar en un segundo plano.
Idea Vilariño es una de esas poetas que dejan huella por la sensibilidad con la que se acerca a los grandes temas universales del sentimiento humano, mezclándolos con la vida y sus rutinas. Es ahí donde reside la grandeza de esta autora.
La lectura de su obra completa nos deja con una sensación de nostalgia, con una tristeza que se instala en lo más profundo del ser.
Encontramos en sus poemas imágenes exquisitas, metáforas perfectas. No gusta en exceso de la hipérbole, hecho que conlleva que sus poemas sean sencillos y claros, directos. Utiliza un lenguaje cotidiano, cercano que se eleva con el propio poema de la mano de la autora.
Algo que es imprescindible comentar es el uso que hace de los signos de puntuación. Desde mi punto de vista, el uso anárquico del que tanto gusta lleva a veces a que se pierda gran parte de la significación del poema, pues es bajo mi humilde opinión un uso que dista mucho de la exquisitez. Los signos de puntuación son en poesía un complicado juego que, de no ser perfecto, es perjudicial.
Hay poemas “redondos” a lo largo de su obra completa. Destaco Ya no porque es un poema en el que es muy fácil sentirse dentro. Constituye casi una elegía al amor terminado, una proyección futura de la distancia entre dos personas. Es un juego en el que lo más importante no es lo que ha sido, sino lo que habría de ser y no será, contando con la felicidad como parte del mañana, pero con el matiz nostálgico del presente.
Los temas recurrentes son el amor, el olvido, el paso del tiempo, el peso de la nostalgia y la tristeza. Idea Vilariño nos muestra lo real de la vida, la muerte diaria que experimentamos a cada paso. Creo que lo que más pesa sobre ella es la soledad, una soledad muy personal que nos llega y nos atraviesa. Es ese tipo de soledad que todos experimentamos y que no podemos compartir, y ella, sin embargo, con su magistral poesía, nos acompaña. Es una preciosa paradoja que no podemos dejar en un segundo plano.
Idea Vilariño es una de esas poetas que dejan huella por la sensibilidad con la que se acerca a los grandes temas universales del sentimiento humano, mezclándolos con la vida y sus rutinas. Es ahí donde reside la grandeza de esta autora.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Pequeñas anotaciones alrededor de Idea Vilariño por José David García Callejas
Hola a todos, y gracias a los organizadores del taller por levantar el blog, es una herramienta muy útil para este tipo de encuentros. Voy a intentar enlazar algunos pensamientos, sensaciones, que encuentro al leer a Idea Vilariño, y pido disculpas de antemano por lo deslavazado de este discurso... a mi entender, la poesía no permite fácilmente una crítica analítica y sistemática, y no debe ser ese el objetivo de una lectura profunda. Al menos en España, como inciso, la (poca) enseñanza literaria que se ofrece a los escolares fomenta una lectura plana, poco imaginativa, donde el poema es poco más que una serie de referencias histórico-literarias con la métrica como maquinaria de relojería. En fin, quiero alejarme de eso en este pequeño escrito.
Los poemas que más me interesan, en general, son aquellos que se mueven en un silencio incómodo, aquellos en los que -tomando palabras de Juan Gelman en su bienvenida al blog- el “argumento” del poema queda diluido en el ritmo, en la raíz; aquellos en los que el lector tiene que poner de su parte, esforzarse y buscar más allá de las palabras. El poema, ya se ha dicho miles de veces, es una incitación, una puerta entreabierta, un retumbar en el que, a mi entender, las palabras
acaban siendo sólo una pequeña parte del mensaje. Es decir, tiendo a pensar, con Juan Gelman (me voy a permitir llamarte Juan, si no te importa, ya que eres uno más de nuestro grupo), que el poema se construye a sí mismo, en tanto es el lector el que lo moldea y se descubre a través de él. Nombra lo que no tiene nombre todavía, y tal vez más, nombra lo innombrable, porque no es “traducible” a lenguaje ordinario. De ahí que su mensaje sea mucho más profundo que las palabras que lo
componen. Hay una tragedia inherente a la condición humana, hay oscuridad y luz insondables, y la música y la poesía nos ponen en contacto con ellas. Una vez leí a Mircea Eliade (un estudioso de religiones antiguas, por si alguien no lo conoce) y me llamó mucho la atención el hincapié que hacía en el estudio de los ritos ancestrales, míticos; la repetición hasta el trance de ritmos, palabras, símbolos, como forma de revivir el instante eterno del nacimiento, la fertilización de la tierra, la lluvia o cualquiera de los objetos de adoración paganos (pagano, dicho sea por supuesto sin connotaciones negativas, más bien etimológicamente). Pues bien, ahí se ha de buscar el sentido último de porqué el hombre hace poesía, creo. La trascendencia al devenir temporal, el nacimiento eterno invocado, traído de nuevo, la semilla del hombre, la Unión con el Otro. Claro, hoy día conocemos infinitas formas de buscar esa trascendencia, y lo importante es que cada hombre, cada voluntad, pueda llegar a escuchar su propio “ritmo interior”, esa voz más allá de las palabras. Otra cuestión es hasta dónde pueden retorcerse las palabras para amoldarse a este nuevo decir, hasta qué punto es capaz el lenguaje de proporcionarnos un medio de comunicación de aquello que es incomunicable. Paradojaas, ya lo sé, pero en fin, lo cierto es que siempre desconfié del poder del
lenguaje, me interesan más los recovecos, las esquinas a oscuras, los silencios que tanto dicen.
Todo esto para que veáis por dónde van a ir los tiros en mis apuntes sobre Vilariño. Primero, he de decir que lo que más me ha gustado es “Cielo Cielo”, “Por aire sucio” y “No”. Era de esperar, según mis gustos, porque a pesar de que tiene una coherencia absolutamente admirable a lo largo de todos sus escritos, hay pequeños pulsos en el lenguaje que se manifiestan más en esos libros. Una mayor irracionalidad, tal vez, un mayor uso de la elipsis, y para mí, una mayor respiración en general. Hay en Vilariño esa sensación de desamparo que todos llevamos dentro, pero ella tiene la grandeza de enseñarnos sus manos vacías como nadie lo había hecho nunca antes, de enseñarnos por tanto su grandeza. Vilariño no tiene miedo, ni a su alegría ni a su dolor, y se sabe única y sola, y busca asideros a veces, humaniza la noche, como expresión de todo lo desconocido, lo que está fuera de su ser, pero en su poesía nunca hay paz, ni consigo misma, ni con el exterior. Parece que se mueve en un precipicio a ambos lados, y admiro muchísimo esa constancia, el que no se acomode jamás y al final de su vida tenga tanto fuego en sus escritos. El amor... es otra forma de poesía, otra forma de búsqueda, y como tal, Vilariño lo exprime siempre con esa esperanza casi suicida. No hay medias tintas, y su poesía ha de ser directa, una puñalada al corazón. Posiblemente sus propios poemas, y volvemos a las reflexiones iniciales sobre la esencia del poema, eran la mejor forma de acercarse al doble abismo del Yo y del Otro, un vehículo y un fin en sí mismos. Para mí, Idea, como todo poeta, lo que muestra es una esperanza inquebrantable, una ilusión y una voluntad de búsqueda a través de su poesía. Un corazón tan grande debió sufrir y reir como sólo puede hacerlo una persona libre.
Como decía arriba, me gustan mucho sus libros más “esquivos”. “No” es maravilloso.
Abandona por completo lo superficial, sigue con su búsqueda de la raíz, y para ello ve necesario un lenguaje despojado, como tantos otros han intentado a lo largo de los siglos. Lo grandioso es que ella combina como pocos esa contención con un lenguaje directo, enormemente visual, donde no hay apenas juicios de valor, donde se reconoce una observadora del devenir (o como se quiera llamar..) y retrata, disecciona la noche, la lluvia, se disecciona a sí misma ahora sin pasión, y resulta
que entre líneas está toda su pasión y su rebeldía. Cortes repentinos de versos, ritmos truncados que el lector debe reorientar...y el tiempo, lento como el fuego como diría Neruda, que le hace renegar de un Yo inabarcable. No es posible dejarse llevar por la marea del tiempo, Idea es una extraña en la Tierra. La sensación de vacío ante la finitud parece la vencedora, y sin embargo, Idea sigue escribiendo hasta el final. Hay instantes eternos, que bien valen soledad, heridas y preguntas sin respuesta. Por ejemplo, Yo la vi o En el centro del mundo, de “Pobre Mundo”.
También me gustaría hilar un poco estas ideas, esta sensación de rebeldía permanente, con sus escritos más explicitamente combativos. Ignoro si Idea Vilariño fue activista en su día a día o no, pero eso es irrelevante: parece desprenderse de sus escritos otra esfera, independiente tanto de la negrura infinita de la noche y el tiempo, como del Yo profundo e inasible; la esfera de las acciones humanas, ante la que reacciona igualmente de muchas maneras. Hay escritos decididamente políticos, y curiosamente ella misma dice en una nota a uno de ellos: “Esto, que de poema tiene sólo la forma...” (Agradecimiento, de “Pobre Mundo”). La poesía no pierde por ello todas las características mencionadas anteriormente, porque Vilariño sigue la misma búsqueda de comprensión, de lazos a los que unirse, que por otros cauces. Incluso ella necesitaba, en algún momento de su vida al menos, algo a lo que aferrarse, un sentido de colectividad; y aún así, tiene el mérito enorme, enorme, de no caer en el populismo o en exaltaciones fáciles. Eso sí, el poema en el
que habla del Che no me gusta nada, me parece el que está más fuera de lugar.
No he hecho apenas mención a sus poemas de amor porque, cómo decirlo, me abruman.
Partiendo de la base de que la distinción “poemas de amor” me parece un poco artificial, incluso cuando se llama así el libro... como ya he dicho, el amor es una fuente de conocimiento, de búsqueda, de comunicación, tan inabarcable como la poesía. ¿Existen poemas que no sean de amor?
¿Existe amor sin búsqueda, sin Poesía? Pero en fin, es necesario ceñirse un poco a ciertos lugares comunes para poder transmitir ideas sintéticas. Si toda su poesía es una herida abierta, en estos llamados poemas de amor, su dedicación casi obsesiva me resulta tan sublime como incómoda.
Necesito más tiempo, aprehenderlos lentamente. Pero, por esa misma razón, más la admiro, porque me hace luchar al leerla. Se trata de romper barreras, de comunicar, de descubrir. Ha sido (es, y será) una gran experiencia leer a Idea Vilariño, gracias, Juan, por presentárnosla a los que no la conocíamos.
¡Felices fiestas para todos!
Los poemas que más me interesan, en general, son aquellos que se mueven en un silencio incómodo, aquellos en los que -tomando palabras de Juan Gelman en su bienvenida al blog- el “argumento” del poema queda diluido en el ritmo, en la raíz; aquellos en los que el lector tiene que poner de su parte, esforzarse y buscar más allá de las palabras. El poema, ya se ha dicho miles de veces, es una incitación, una puerta entreabierta, un retumbar en el que, a mi entender, las palabras
acaban siendo sólo una pequeña parte del mensaje. Es decir, tiendo a pensar, con Juan Gelman (me voy a permitir llamarte Juan, si no te importa, ya que eres uno más de nuestro grupo), que el poema se construye a sí mismo, en tanto es el lector el que lo moldea y se descubre a través de él. Nombra lo que no tiene nombre todavía, y tal vez más, nombra lo innombrable, porque no es “traducible” a lenguaje ordinario. De ahí que su mensaje sea mucho más profundo que las palabras que lo
componen. Hay una tragedia inherente a la condición humana, hay oscuridad y luz insondables, y la música y la poesía nos ponen en contacto con ellas. Una vez leí a Mircea Eliade (un estudioso de religiones antiguas, por si alguien no lo conoce) y me llamó mucho la atención el hincapié que hacía en el estudio de los ritos ancestrales, míticos; la repetición hasta el trance de ritmos, palabras, símbolos, como forma de revivir el instante eterno del nacimiento, la fertilización de la tierra, la lluvia o cualquiera de los objetos de adoración paganos (pagano, dicho sea por supuesto sin connotaciones negativas, más bien etimológicamente). Pues bien, ahí se ha de buscar el sentido último de porqué el hombre hace poesía, creo. La trascendencia al devenir temporal, el nacimiento eterno invocado, traído de nuevo, la semilla del hombre, la Unión con el Otro. Claro, hoy día conocemos infinitas formas de buscar esa trascendencia, y lo importante es que cada hombre, cada voluntad, pueda llegar a escuchar su propio “ritmo interior”, esa voz más allá de las palabras. Otra cuestión es hasta dónde pueden retorcerse las palabras para amoldarse a este nuevo decir, hasta qué punto es capaz el lenguaje de proporcionarnos un medio de comunicación de aquello que es incomunicable. Paradojaas, ya lo sé, pero en fin, lo cierto es que siempre desconfié del poder del
lenguaje, me interesan más los recovecos, las esquinas a oscuras, los silencios que tanto dicen.
Todo esto para que veáis por dónde van a ir los tiros en mis apuntes sobre Vilariño. Primero, he de decir que lo que más me ha gustado es “Cielo Cielo”, “Por aire sucio” y “No”. Era de esperar, según mis gustos, porque a pesar de que tiene una coherencia absolutamente admirable a lo largo de todos sus escritos, hay pequeños pulsos en el lenguaje que se manifiestan más en esos libros. Una mayor irracionalidad, tal vez, un mayor uso de la elipsis, y para mí, una mayor respiración en general. Hay en Vilariño esa sensación de desamparo que todos llevamos dentro, pero ella tiene la grandeza de enseñarnos sus manos vacías como nadie lo había hecho nunca antes, de enseñarnos por tanto su grandeza. Vilariño no tiene miedo, ni a su alegría ni a su dolor, y se sabe única y sola, y busca asideros a veces, humaniza la noche, como expresión de todo lo desconocido, lo que está fuera de su ser, pero en su poesía nunca hay paz, ni consigo misma, ni con el exterior. Parece que se mueve en un precipicio a ambos lados, y admiro muchísimo esa constancia, el que no se acomode jamás y al final de su vida tenga tanto fuego en sus escritos. El amor... es otra forma de poesía, otra forma de búsqueda, y como tal, Vilariño lo exprime siempre con esa esperanza casi suicida. No hay medias tintas, y su poesía ha de ser directa, una puñalada al corazón. Posiblemente sus propios poemas, y volvemos a las reflexiones iniciales sobre la esencia del poema, eran la mejor forma de acercarse al doble abismo del Yo y del Otro, un vehículo y un fin en sí mismos. Para mí, Idea, como todo poeta, lo que muestra es una esperanza inquebrantable, una ilusión y una voluntad de búsqueda a través de su poesía. Un corazón tan grande debió sufrir y reir como sólo puede hacerlo una persona libre.
Como decía arriba, me gustan mucho sus libros más “esquivos”. “No” es maravilloso.
Abandona por completo lo superficial, sigue con su búsqueda de la raíz, y para ello ve necesario un lenguaje despojado, como tantos otros han intentado a lo largo de los siglos. Lo grandioso es que ella combina como pocos esa contención con un lenguaje directo, enormemente visual, donde no hay apenas juicios de valor, donde se reconoce una observadora del devenir (o como se quiera llamar..) y retrata, disecciona la noche, la lluvia, se disecciona a sí misma ahora sin pasión, y resulta
que entre líneas está toda su pasión y su rebeldía. Cortes repentinos de versos, ritmos truncados que el lector debe reorientar...y el tiempo, lento como el fuego como diría Neruda, que le hace renegar de un Yo inabarcable. No es posible dejarse llevar por la marea del tiempo, Idea es una extraña en la Tierra. La sensación de vacío ante la finitud parece la vencedora, y sin embargo, Idea sigue escribiendo hasta el final. Hay instantes eternos, que bien valen soledad, heridas y preguntas sin respuesta. Por ejemplo, Yo la vi o En el centro del mundo, de “Pobre Mundo”.
También me gustaría hilar un poco estas ideas, esta sensación de rebeldía permanente, con sus escritos más explicitamente combativos. Ignoro si Idea Vilariño fue activista en su día a día o no, pero eso es irrelevante: parece desprenderse de sus escritos otra esfera, independiente tanto de la negrura infinita de la noche y el tiempo, como del Yo profundo e inasible; la esfera de las acciones humanas, ante la que reacciona igualmente de muchas maneras. Hay escritos decididamente políticos, y curiosamente ella misma dice en una nota a uno de ellos: “Esto, que de poema tiene sólo la forma...” (Agradecimiento, de “Pobre Mundo”). La poesía no pierde por ello todas las características mencionadas anteriormente, porque Vilariño sigue la misma búsqueda de comprensión, de lazos a los que unirse, que por otros cauces. Incluso ella necesitaba, en algún momento de su vida al menos, algo a lo que aferrarse, un sentido de colectividad; y aún así, tiene el mérito enorme, enorme, de no caer en el populismo o en exaltaciones fáciles. Eso sí, el poema en el
que habla del Che no me gusta nada, me parece el que está más fuera de lugar.
No he hecho apenas mención a sus poemas de amor porque, cómo decirlo, me abruman.
Partiendo de la base de que la distinción “poemas de amor” me parece un poco artificial, incluso cuando se llama así el libro... como ya he dicho, el amor es una fuente de conocimiento, de búsqueda, de comunicación, tan inabarcable como la poesía. ¿Existen poemas que no sean de amor?
¿Existe amor sin búsqueda, sin Poesía? Pero en fin, es necesario ceñirse un poco a ciertos lugares comunes para poder transmitir ideas sintéticas. Si toda su poesía es una herida abierta, en estos llamados poemas de amor, su dedicación casi obsesiva me resulta tan sublime como incómoda.
Necesito más tiempo, aprehenderlos lentamente. Pero, por esa misma razón, más la admiro, porque me hace luchar al leerla. Se trata de romper barreras, de comunicar, de descubrir. Ha sido (es, y será) una gran experiencia leer a Idea Vilariño, gracias, Juan, por presentárnosla a los que no la conocíamos.
¡Felices fiestas para todos!
lunes, 28 de diciembre de 2009
Bienvenida por Juan Gelman
Un saludo grande y cálido a todas y todos los participantes de este Taller de lectura de poesía. Transcurre entre fiestas que bebidas diversas suelen regar, pero la poesía también es una fiesta, como ustedes bien saben. Me da gusto haber recibido ya algunas comunicaciones en torno a Idea Vilariño, la gran poeta uruguaya fallecida en abril del 2009. Curiosamente -o no-, todas proceden de manos femeninas que han recorrido a fondo las páginas de su obra o de alguno de sus libros.
Hay observaciones agudas y acertadas en cada intervención. Abundan las referencias al dolor, la soledad, el amor, el erotismo, la desolación, la nostalgia y otros sentimientos que expresan los poemas. Alguna sobre antecedentes o tal vez influencias en la obra de Idea y una pregunta/respuesta acerca del acto mismo del poema y su relación con el lenguaje. Es ésta es una de las cuestiones centrales de la poesía. Dicho de otra manera: ¿cuál es el verdadero contenido de un poema? ¿Su “argumento” o su expresión? Están, desde luego, íntimamente ligados, pero el contenido de un poema conseguido, ¿no será el poema mismo más allá del “argumento”? Y el “argumento del poema”, ¿no residirá en que nombra lo que no tiene nombre todavía, hable de lo que hable, del amor, la noche, el mar, la muerte, el otoño o lo que fuere? Son asuntos que la poesía universal aborda desde hace más de 40 siglos, la cuestión es el cómo lo hace.
Dejo esta propuesta a la consideración de ustedes. Considero este Taller un ámbito de análisis, discusión y diálogo, de exploración de la poesía gracias a la lectura de cuatro grandes poetas. El blog lo facilita.
¡Felices fiestas para todos! ¡Buen 2010!
La poesía es una manera de vivir.
Hay observaciones agudas y acertadas en cada intervención. Abundan las referencias al dolor, la soledad, el amor, el erotismo, la desolación, la nostalgia y otros sentimientos que expresan los poemas. Alguna sobre antecedentes o tal vez influencias en la obra de Idea y una pregunta/respuesta acerca del acto mismo del poema y su relación con el lenguaje. Es ésta es una de las cuestiones centrales de la poesía. Dicho de otra manera: ¿cuál es el verdadero contenido de un poema? ¿Su “argumento” o su expresión? Están, desde luego, íntimamente ligados, pero el contenido de un poema conseguido, ¿no será el poema mismo más allá del “argumento”? Y el “argumento del poema”, ¿no residirá en que nombra lo que no tiene nombre todavía, hable de lo que hable, del amor, la noche, el mar, la muerte, el otoño o lo que fuere? Son asuntos que la poesía universal aborda desde hace más de 40 siglos, la cuestión es el cómo lo hace.
Dejo esta propuesta a la consideración de ustedes. Considero este Taller un ámbito de análisis, discusión y diálogo, de exploración de la poesía gracias a la lectura de cuatro grandes poetas. El blog lo facilita.
¡Felices fiestas para todos! ¡Buen 2010!
La poesía es una manera de vivir.
De la noche al discurso amoroso de Idea Vilariño: REFLEXIONES I y II. (Sarli E. Mercado)
Reflexiones I.
"Ella cierra los ojos"
¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás
todos los alfabetos de la muerte?
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
"En el final era el verbo", Olga Orozco
"Ella cierra los ojos"
¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás
todos los alfabetos de la muerte?
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
"En el final era el verbo", Olga Orozco
Idea Vilariño (1920-2009), poeta de palabras que tiemblan, rasgan y paralizan, nos ha dejado una obra poética que nos invita a explorar con ella obsesiones recurrentes, cuestionamientos a los que acudimos sobrecogidos por su familiaridad y quizás cercanía. Así, en esta mi primera incursión en su poesía, el instante (poético), una de las propuestas iniciales de Vilariño, ha dirigido mi lectura de sus primeros poemarios, desde La suplicante (1945) hasta Nocturnos (1955). ¿Puede ser el instante, ahí donde el acto poético se logra como la expresión de experiencias de desolación, dolor, vida, amor, muerte o del misterio de la palabra misma, la experiencia poética que le permite a esta poeta colocarnos ante un lenguaje que explora sus propios límites? Mi breve lectura se formula sobre todo desde la pregunta y la reflexión, a fin de mantener el diálogo (íntimo) que con el lector ha iniciado la poeta en su obra.
Signada por la presencia de otras voces, las de posibles precursores con las que también dialoga, la poesía de Vilariño se arma como una suerte de caja de resonancias en cuya lectura se escuchan los ecos de la mística española (San Juan de la Cruz , Santa Teresa), la lírica del Siglo de Oro (Góngora) hasta la poesía modernista latinoamericana (Julio Herrera y Ressig) entre otras tradiciones poéticas y artísticas. Estos son ecos articulados como la exploración del conocido topos del paso del tiempo que tanto obsesionó a los poetas del siglo XVI y XVII, o como una expresión persistente de deseo por la muerte como posible fin al dolor o al tormento que significa la vida (terrenal) que declaraban poetas como Santa Teresa. Sin embargo, en la poesía de Vilariño se trata de una muerte sin la esperanza de una unión del alma con Dios que expresaba el pensamiento místico que surge con el cristianismo humanístico renacentista. Así lo leemos en el poema “Ella cierra los ojos” de Cielo Cielo (1947) en el que la figura femenina que construye Vilariño rompe la imagen idealizada de la amada perfecta que sale en la noche en busca de su amado; más bien se trata de un ser cuyo estado de demencia se compagina con un número de descripciones físicas y emotivas, de detalles e imperfecciones que la hacen más que eterna, humana:
Romántica
cabellos de azafrán y ojos de duelo
toda tormenta y gris. Estaba loca.
Camino de la noche la marea
o camino del alma la inmolada
la sin luz la de amor la desolada
camino del candor la estremecida
la que odia y consiente
la que busca y no encuentra
el gusto aquel iluminado
aquella sed del aire
devorada la noche mirada devorada
incomprendida y rota
amante amando sin sonrisas. (énfasis añadido vv 1-14)
La presencia de la noche como la de la figura femenina que trazan estos versos, de clara referencia al poema “Noche oscura” de San Juan de la Cruz como también a las pinturas prerrafaelitas del siglo XIX que la apertura del poema logra, son algunos de los elementos con los que Vilariño va a construir en su lírica una voz propia. La noche, marca temporal a la que la poeta vuelve incesantemente en múltiples poemas, fija el instante en el que habita esta voz y es la que la identifica. Al igual que en los versos de San Juan, en “Ella cierra los ojos”, la noche es el contexto en el que se desplaza, no la amada, sino la “amante” de Vilariño, giro lingüístico con el que la poeta hace de esta figura femenina un sujeto con agencia, más que el objeto pasivo receptor (del amor). Configurada así y en signo negativo —“la loca” “la sin luz”, “la desolada”, “la que odia y consiente”, “incomprendida y rota”— la amante hace de su negatividad una suerte de ausencia y vacío y por lo tanto también de oscuridad, al igual que la noche que transita. Y en el verso: “devorada la noche la mirada devorada” (énfasis añadido), eco del verso sanjuanista, “amada en el Amado transformada”, la noche y la mirada o la amada aparecen puestos en paréntesis. No obstante, serán sobre todo los elementos de la versificación, desde la aliteración, el ritmo a la rima interna, los que establecerán a la noche y a la “amante” como una sola idea (¡Vilariño, por supuesto!).
Acaso la noche y/o la amante del poema sean también la palabra poética, la acción o búsqueda del lenguaje para expresar el misterio del amor, la pasión y el dolor que esta implica, o la inminente experiencia de la muerte, enigmas múltiples de la vida. Vilariño nos coloca entonces ante la pregunta, ante interrogantes que hacen de la duda la clave de gran parte de su lírica. En los versos finales, la pregunta será la que nos conduzca de nuevo al instante que es también el poema: “Cómo entrar a ese tiempo sosegado / tocarle el corazón decirle amado / sustituye tu nombre busca el oro / tocarle la mirada desatarle / horas sin prisa y días desmedidos” (vv 17-21). El poema puede leerse así como tiempo detenido y sin medida, el “amado” que se desea habitar, nombrar, tocar y desarticular, todas acciones que lo convierten en un evento y que se logran sólo en el instante poético mismo.
El constante transitar por la noche “oscura” que ofrece Vilariño en este poema y a lo largo de gran parte de su poesía, aparece desde “Verano”, primer poema de La suplicante, donde la voz poética la define como “… oro imposible de comprender, un acabado / silencio que renace y se incorpora” (53), una definición que hace de la noche un deseo irrealizable y continuo. Asimismo, en “El que come noche” de Cielo cielo (1947) la noche además de deseo es el canto del ser humano, canto que devora y resiste (64); y en el último poema de Por aire sucio (1950) versos que llevan el mismo título, Vilariño citará a Herrera y Ressig para presentar a la noche como símbolo de la muerte, como “ese muro glacial donde termina la existencia” con el que concluye además el poema (80). Será, sin embargo, en la intensidad de sus Nocturnos (1955) donde la noche adquiera más relevancia y dominio; ejemplo son los poemas como: “Ven” (89), “Noche de sábado” (90), “Noche desierta” (94), “Si muriera esta noche” (95), “Cerrada noche humana” (100), “La soledad” (106), “Noche sin nadie” (109), “La noche” (124) y “A la noche” (115) donde escribe: “Inútil estrellar /colmena enloquecida / dame tu soledad/ tu eternidad helada/ tu tinta ciega… / dame el agua violenta de tu pozo / tu abismo tu ceguera / tus horrores / dame la soledad / la muerte el frío…”. Se cumple aquí la obsesión por enunciar todas las posibles maneras de concebir la muerte, el ser y la poesía misma. Así lo señalan los versos del epígrafe de Olga Orozco, poeta contemporánea de Vilariño con quien comparte indagaciones de orden ontológico y estético, con formulaciones metafísicas y una suntuosa visión que “no ignora la sombra que la recorta”, la cual pasa por la conciencia de la agonía y de la dicha como por “el escenario de la pérdida y el goce” (J. Ortega).
“Ella cierra los ojos” es una búsqueda más allá de la mirada, un tiempo detenido en la meditación poética, y sobre todo una celebración de la palabra que el diálogo con otras voces y tradiciones poéticas Idea Vilariño ha creado en el ámbito de la lírica.
Bibliografía
Orozco, Olga. Obra poética. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2000.
Ortega, Julio. "Olga Orozco, hechicera" Intervenciones. diciembre 14, 2009
http://blogs.brown.edu/project/ciudad_literaria/2006/02/olga_orozco_hechicera.html
Vilariño, Idea. Obra completa. Barcelona: Lumen, 2008.
Reflexiones: II.
El discurso amoroso de Idea Vilariño:
en beneficio de la duda.
Reflexiones: II.
El discurso amoroso de Idea Vilariño:
en beneficio de la duda.
Contra viento y marea el sujeto afirma el amor como valor.
Fragmentos de un discurso amoroso. Roland Barthes
Quiero orientar estas reflexiones en una de las propuestas que nos ha hecho Juan Gelman para abordar la poesía de Idea Vilariño (1920-209) o la poesía en general: lo inefable como búsqueda poética. En sus palabras: la poesía como el acto de “nombrar lo que no tiene nombre todavía, hable de lo que hable” el poema. Para ello podríamos recurrir a algunos poemas en los que Vilariño nos presenta temas existenciales y universales como el amor, la soledad, el deseo, la esperanza, la vida y la muerte, pero también a poemas donde nos confronta con otros como la impotencia, el miedo, el odio, la ceguera, y la duda. Se trata por lo tanto de leer su quehacer poético sobre todo como una indagación en la palabra y en la experiencia de la escritura de la cual surge el canto, la voz, una voz que no calla o se intimida, sino que habla y nombra.
De su poemario Poemas de amor (1957 ), me interesa comentar sus poemas/cartas “Carta I”, “Carta II” y “Carta III” en los que fusiona lírica y epístola para crear un discurso poético amoroso que articula la voz de un yo lírico enamorado/a, como también los poemas “Ya no” y “O fueron nueve”, versos “sencillos” (como llamara José Martí a los suyos) con los que Vilariño se instala en una importante tradición poética, la de la poesía amorosa. Pertenecen a esta tradición poetas como Safo, quien hace de la experiencia amorosa la construcción de un mundo femenino en el que se une lo terrenal y lo divino (al dirigir sus versos a la diosa del amor, Afrodita); o los poetas provenzales para quienes el deseo amoroso significa su razón de trobar (Agamben, 108-109); y poetas como Sor Juana Inés de la Cruz, quien al igual que sus contemporáneos (entre ellos Quevedo), “no pretende expresarse a sí misma, sino que construye objetos verbales que son emblemas o monumentos que ilustran una visión del amor transmitida por la tradición poética” (Paz, 370). Es en esta práctica poética donde se pueden ubicar los poemas de amor de Idea Vilariño y la que le permite incluso nombrar la experiencia amorosa tanto desde la intimidad y la cotidianidad de la esfera doméstica como desde el deseo, la incertidumbre y la incapacidad.
Un yo desolado, ansioso que habita en el recuerdo, en el deseo y espera constante del ser amado figura en los poemas de amor de Vilariño. Será éste el que invoque al amor en los poemas antes mencionados, un yo que además ocupa el espacio doméstico atareado con acciones cotidianas al parecer insignificantes: “ando por casa”, “Y cierro las ventanas”, “apagando las luces / guardando los vestidos” (“Carta I”); “estiraré la colcha /me pondré el traje negro y me pasaré el peine” “Iré a cenar /es claro” (“Carta II”); “Cierro entonces la puerta… /con los ojos desiertos/ miro sin ver …la pared.” (“Carta III”); “ya no.. criaré a tu hijo/ coseré tu ropa” (“Ya no”). Las referencias a las tareas domésticas y habituales que Vilariño introduce en el discurso amoroso ofrecen un punto de vista menos idealizado de la experiencia del amor, uno más cercano a un mundo femenino o del espacio en el que se esperaba que ocupara la mujer, acaso no sólo en la época en la que escribe (1952). Y será este punto de vista el que hace de Idea Vilariño sino precursora, parte de un movimiento literario femenino, de cierta literatura escrita por mujeres que incluirá la experimentación, la ironía, la sátira, el lenguaje rural o urbano entre otros elementos para proveer su perspectiva de la maternidad, la sexualidad, del erotismo, re-significando incluso la esfera doméstica. Así lo hace aquí la poeta uruguaya, al articular con esta esfera un canto al amor, un poema[1]. Los gestos y los objetos de los versos citados que configuran la cotidianidad del espacio privado de la casa cobran aquí otro sentido; intrínsecos al yo de la persona enamorada dejan de ser cosas y acciones comunes para adquirir un especie de aura poética y formar parte del amor mismo. El amor expresado aquí es también guardar vestidos, cenar, peinarse, criar hijos, coser la ropa, etc; es decir, rutina (casera u hogareña), una experiencia más que sublime, humana.
Por lo tanto, el amor del que canta la persona poética de Vilariño no es el épico, el de las grandes hazañas heroicas dispuesto a todo para lograr estar con el ser amado, —como lo fue el amor cortés creador de una gran parte de la literatura medieval—, o el amor hiperbólico sobre el que cantaron poetas como Sor Juana Inés de la Cruz (la ventrílocua) que con voz masculina y con su “retórica del llanto” le entregaba segura de convencer a su lector/a, amado/a, imágenes metafóricas de un “corazón desecho entre [s]us manos”. En Vilariño estamos, por el contrario, ante una voz que profesa un amor incapacitado, una que pone en duda el motivo mismo que la mueve. Dicen los primeros versos de “Carta I”:
Como ando por la casa
diciéndote querido
con fervorosa voz
con desesperación
de que pobre palabra
no alcance acariciarte
a sacrificar algo
a dar por ti la vida
querido
a convocarte
a hacer algo por esto
por este amor inválido. (vv 1-12 énfasis añadido)
En la intimidad y lo privado que la fusión entre verso y epístola provee a esta voz, será la palabra “querido” (la apertura de una posible carta de amor), la que convoque al ser amado; y esta palabra, además, se repetirá a lo largo de los versos a fin de afirmar el acto continuo del decir: “diciéndote querido”, “digo querido” (vv 2, 13, 24, 41). El decir y la palabra, los elementos que van dando forma al texto amoroso e identidad y presencia a este yo enamorado, son paradójicamente los que ponen en duda su autoridad convocatoria y su capacidad para el sacrificio a favor del amor. Impotente, este es un amor “inválido”, para citar el único epíteto que Vilariño incluye en todo el poema al nombrarlo, y que al hacerlo rompe con su imagen —sublime, sino divina (Eros)— de la cual se han construido grandes relatos de amor. El amor, dios de la belleza, de la fertilidad, del erotismo, la energía liberadora, aparece en el discurso amoroso de Vilariño como uno no apto para las grandes acciones, no válido, discapacitado, lisiado, endeble, ¿caduco? ¿Quizás por eso la voz poética prefiera, “contra viento y marea” —en palabras de Barthes— hacerlo valer, triunfar y permanecer en el un presente detenido, en el instante idílico de unión con el objeto del deseo, con el amado? Así lo va a articular la poeta en los versos que le siguen a la cita anterior y que hablan de esa unión de miradas y de cuerpos como un éxtasis “de vida o muerte” (un éctasis que la mitología clásica recoge en Eros y Tánatos) (vv 13-23).
Desprovisto de futuro, como un continuo deshacerse en un “Ya no” que separa al yo del tú —“Ya no soy más que yo para siempre y tú/ ya/ no serás para mí/ más que tú”(vv 21- 25) — el amor se alimentará de aquello que es parte del recuerdo o la memoria: la duda. En ella, la experiencia amorosa se convierte sólo en posibilidad, pasada o futura, como lo va a expresar Vilariño en “O fueron nueve”. Cito todo el poema:
Tal vez tuvimos sólo siete noches
no sé
no las conté
cómo hubiera podido.
Tal vez no más que seis
o fueron nueve.
No sé
pero valieron
como el más largo amor.
Tal vez
de cuatro o cinco noches como ésas
pero precisamente como ésas
tal vez
pueda vivirse
como de un largo amor
toda una vida. (énfasis añadido)
Si hay alguna certeza en esta concepción del amor, es la de haber vivido la experiencia amorosa como un encuentro fugaz que paradójicamente valdrá “como el más largo amor”; el resto queda relegado a la probabilidad, de ahí el hincapié en la anáfora del “tal vez” en los versos del poema. El poema además concluirá poniendo de relieve
un distanciamiento de la experiencia misma—de las “cuatro o cinco noches como ésas”— con la persona poética que habla al presentarla desde una perspectiva impersonal (gramaticalmente hablando): “tal vez /pueda vivirse como de un largo amor toda una vida” (énfasis añadido). Escritos en beneficio de la duda, los versos de Vilariño figuran un amor que sólo logra permanecer en el éxtasis de su creación misma, ¿acaso en el instante poético? Al igual que los poetas provenzales quienes nombraron amors al advenimiento de la palabra poética haciendo del deseo amoroso su razón de trobar como afirma el filósofo italiano Georgio Agamben, Vilariño nos coloca ante su concepción del amor no sólo como una mera experiencia física y emotiva sino como el motor de un discurso que explora distintas modos de representarlo, de vivirlo, de nombrarlo.
Como en un prisma, la duda será la propuesta filosófica que Vilariño traza con múltiples formas en su obra a fin de nombrar nuevas y múltiples nociones del amor, del deseo, de la vida; la que le permitirá seguir cuestionando e indagando desde la palabra y la experiencia: lo inefable. Concluyo entonces con estos versos que incluye en el último poemario de su Poesía completa, No (1980):
45
Como el que desvelado
a eso de las cuatro
mira con ojos triste
a su amante que duerme
descifrando la vieja eterna estafa.
4
Quiénes somos
qué pasa
qué extraña historia es esta
por qué la soportamos
si es a nuestra costa
por qué nos soportamos
por qué hacemos el juego.
Bibliografía:
Agamben, Georgia. “El lenguaje y la muerte. Séptima jornada”. Teorías sobre la lírica.
Ed. Fernando Cabo Asguinolaza. Madrid: Arco libros, 1999. 127-156.
Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. (1977) Trad. Eduardo Molina.
Madrid: Siglo XXI editores, 1997.
Cruz, Sor Juana Inés de la. Obras completas. Ed. Alfonso Méndez Plancarte. México:
Fondo de Cultura Económica, 1951.
Paz, Octavio. Las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.
Vilariño, Idea. Obra completa. Barcelona: Lumen, 2008.
[1] Me refiero aquí a un gran número de poetas mujeres latinoamericanas de las generaciones posteriores a la de los cuarenta o cuarenta y cinco. Entre ellas, las peruanas Carmen Ollé (1947- ) autora de Noches de adrenalina (1981), Patricia Alba (1960- ) y Rocío Silva Santisteban (1963- ); de Centro América las poetas revolucionarias como Daisy *Zamora (1950- ) autora de Fiel al corazón. Poemas de amor (2005), Michele Najlis (1946- ) quien escribió Cantos de Ifigínea (1991) o muy conocida Gioconda *Belli (1948- ); de Costa Rica Eunice Odio (1922-1974) y Carmen *Naranjo (1928- ); Claribel *Alegría (1924- ) de El Salvador; las Chilenas Carmen Berenguer (1946) autora de Sayal de pieles (1992), Gloria Berríos (1954- ), Eugenia Brito (1950- ) y Teresa Calderon (1955- ); de la Argentina escritoras como Luisa Futoransky (1939) autora de gran número de poemarios entre ellos Seqüana Barrosa (2007) o la novela El Formosa (2009), Alicia Borinsky (1954) quien ha escrito entre otros poemarios y novelas, los poemas de Frívolas y pecadoras (2008), Tamara Kamenszain (1947), Diana Bellessi (1946- ) y Mercedes Roffé (1954- ).
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