miércoles, 31 de marzo de 2010

Un ciego y oscuro salto. Comentario a la obra de Francisco Urondo por Alicia Naya.

...saludo a todos, me tapo
la nariz y me dejo tragar por el abismo.

No puedo quejarme
Poemas póstumos.
Francisco Urondo.

Dámaso Alonso utilizó un verso de San Juan, para dar su definición de poesía: “Un ciego y oscuro salto”, pero este puntualizaba; el lance tiene que ser de amor.

Espero que el rencor no intercepte
el perdón, el aire
lejano de los afectos que preciso.

Que precisamos para seguir viviendo en el optimismo, en la alegría. Para Urondo, la tristeza ajena, le era tan insoportable como la propia (Mario Banedetti. Epílogo de “Poemas” –Visor-). Me causa una gran admiración como algunos poetas, artistas… logran destilar tanta belleza, filantropía, cuando están atravesando momentos tan dramáticos en sus vidas. La libertad de todo ser humano, debiera ser un derecho, pero desgraciadamente, en muchos lugares y a estas alturas de la evolución humana, no es así. La frase de Martí: -Osar morir da vida- y agrega:

Cuando se considera a la vida una propiedad privada, sólo el heroísmo, con su carga de posteridad o, en el mejor de los casos, de bucea de inmortalidad, permite la osadía de ponerla en riego…

En este lado del charco; Miguel Hernández, García Lorca, Antonio Machado y tantos otros, viven ya en nuestra memoria colectiva, porque, la poesía, a diferencia de la historia, a veces, nos da un testimonio mas fidedigno de lo que aconteció, pues es la historia de los sentimientos. Me viene a la memoria, un verso de Miguel Hernandez .:

“Canción última”

Pintada , no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre la almohada.

Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su inmensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.

He buscado un artículo de prensa que recorté hace unos años de Gustavo Martín Garzo, que, creo define el sufrimiento al que a veces, por circunstancias personales o sociales, se ven abocados los creadores; cito textualmente:

“Cuentan que en la antigüedad hubo un tirano llamado Faralis. Inventó un extraño artilugio. Un toro de bronce en cuyo interior se introducía a los condenados. El toro se ponía al fuego y éstos perecían lentamente, profiriendo terribles alaridos. Sin embargo, dichos alaridos no se llegaban a escuchar. Esa era la gran sorpresa que ocultaba el tirano, pues aquél artilugio tenia un secreto, una red complicada de canales internos que transformaba la voz del moribundo en el mas maravilloso de los cantos” . Sigue M. Garzo; no debemos ser demasiado rigurosos con Faralis. Al fin y al cabo, es lo mismo que en la actualidad exigimos a la cultura; consolidación, entretenimiento e ignorancia. Que nos facilite las cosas, sustrayéndonos a la percepción pura del horror y la desdicha. Su objetivo es el hombre estético del que habla Kierkegaard. Nada que tenga que ver con el descubrimiento de ese condenado que permanece en el interior del toro.

Termino con otro fragmento del poema de Urondo:

Tengo curiosidad por saber qué cosas dirán de mi después
de mi muerte ….

Eso ya no es posible, pero su legado, su semilla, germina en nosotros, haciéndonos mejores, mostrándonos que aún en circunstancias muy adversas, es posible el perdón, la alegría , la esperanza.

martes, 30 de marzo de 2010

Comentario por María José Sanjuán

Hace ya unos días que terminé de leer el libro de Paco Urondo, no lo conocía y como siempre hago en estos casos, intenté saber un poco de su vida, lo cual me ha ayudado mucho a comprender su obra. Efectivamente en Urondo poesía y vida son una misma cosa. Aunque sin saber nada de él ya se intuía. Por otro lado, al leerlo he recordado los tiempos de la dictadura en España, aquel ambiente denso y cerrado, el miedo y la angustia y, por contra, la solidaridad, la camaradería y la esperanza de una sociedad más libre y más justa.


Es una poesía intensa la de Urondo, no podía ser menos, una poesía de una tremenda lucidez y belleza en muchos de sus versos. Una poesía fragmentaria y caleidoscópica absolutamente actual. Sin menoscabo de su interés yo hablaría sin embargo de prosa poética, de poesía en prosa, lindes de dificil delimitación. y por supuesto de poesía al límite existencial, poesía de la conciencia. Por elegir algún poema, he elegido "La verdad es la única realidad"...Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja...

Quiero antes de despedirme darle las gracias a David por mandar esas opiniones de Carlos Oroza sobre la poesía y los poetas actuales, totalmente de acuerdo.

jueves, 25 de marzo de 2010

Digresión... por David García

Me gustaría haceros partícipes de una pequeña declaración que, si bien se sale un poco de la hoja de ruta del taller, considero que puede ser interesante para comparar visiones del mundo. Urondo, como bien ha dicho Marisol en la última entrada, le daba a la poesía el mismo grado de "verdad" que a las cosas materiales. Era coherente con su visión de la vida, y eso es lo máximo que se le puede pedir a un hombre.
Lo que sigue son palabras de Carlos Oroza, poeta gallego:


“Leo los periódicos y veo que los poetas, de una manera u otra –en recepciones, en homenajes-, están todos mendigando un sueldecito del Estado. Veo que hay mucho miedo a la vida, un miedo terrible a la vida, cuando la vida es algo que hay que tomar o dejar cuando te dé la gana. La vida es una aventura, un lujo. Me he prometido no hablar mal de nadie, de verdad. Pero es que yo vengo de la selva, de presenciar cosas como un barco que se hunde, un hombre que se suicida. Y luego leo el periódico, veo a los poetas estrechando manos en recepciones, tratando de conseguir premios por lo que hacen, y me quedo asombrado. Después de haber cortado completamente con todo, me asombro de estas cosas. ¿Qué ha pasado? Yo me pregunto: ¿El estado debe alimentar a los escritores, o los escritores deben destruir al estado?... Bien, yo no me quejo de mis penurias, y no voy a pedir nada al estado. Si mi poesía se convierte en pesadilla, no voy a buscar a un médico que me cure. Lo que no puede hacerse es subvencionar poemas. El poeta no debe recibir nada, que se joda, que sea poeta.”


(he de decir que he leído este pequeño texto en el blog http://criticadepoesia.blogspot.com , en los comentarios a la última entrada)


Incluyo esto para poner de manifiesto el enorme respeto y la esperanza que produce saber que existen (existieron, existirán) figuras que, como Urondo, mueven su corazón, su espíritu y su fuerza en una sola dirección, y se lanzan al vacío con todas las armas que conocen, sólo por un imperativo ético, que al fin y al cabo se reduce a un inconmensurable amor a esta vida. También se me viene a la mente el "poema 1936" de Cernuda... lo cierto es que hoy día existe demasiada poesía mercantilizada, dependiente de las grandes editoriales, los viejos clanes, y los concursos literarios, y cada vez es más difícil escarbar y sacar algo de brillo en las novedades editoriales. No sé qué piensa el resto del taller al respecto...


Volviendo un poco al centro del taller, a la lectura de Urondo, ayer estuve dándole vueltas a "Hoy un juramento", de Nombres. Cómo se enfrenta serenamente a su pasado, a su futuro, cómo se observa a sí mismo en una extraña encrucijada donde los recuerdos siempre vuelven, donde el futuro es otra fuente de miedo y tragedia; esa casa en la que vive y las paredes hablan, el calor es su calor, y los vientos de todas partes son también los recuerdos del sujeto poético. Es casi mareante el sentirse en el instante preciso en el que te ves a solas con tu pasado y tu futuro, y te das cuenta de que tus manos están vacías. 
Se suele decir que la ideología de un poeta es lo de menos, que un lector honesto es capaz de identificarse con un poeta sincero en el sentido de que el autor abre su corazón y convierte las experiencias individuales en experiencias estéticas y éticas, colectivas e intemporales: algo así me ocurre con Urondo, hay poemas que parecen olvidarse de las palabras y ser un paseo por las calles de alguna ciudad, o una noche de silencio y memoria. Esas sensaciones son difíciles de conseguir, es la honestidad la que las hace posibles, y de nuevo estoy de acuerdo con Marisol en esto.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Mi lectura de "La pura verdad" de Francisco Urondo, por Marisol Villarrubia

“La pura verdad”. El título del poema de Francisco Urondo es en sí mismo el preludio del propio poema y del poeta. Ya desde la filosofía antigua, pasando por los teólogos medievales como Santo Tomás hasta alcanzar la Edad Moderna, se ha debatido sobre el sentido del término “verdad”. Me quedo con la idea de Kierkegaard sobre este concepto, porque me parece que encaja con la imagen de “la verdad pura” que nos transmite Francisco Urondo. Kierkegaard nos habla de la verdad como algo en el ser humano que está ocurriendo continuamente, una verdad difícil de separar de la experiencia subjetiva de la propia existencia, definida por unos valores y una esencia fundamental que consiste en un modo de vida. Cuando Urondo nos presenta “la pura verdad”, nos presenta su propia esencia, a sí mismo, su vida hacia el interior siempre en un constante proceso. Su poema nos acerca a sus valores, su moralidad, su espiritualidad de una manera “pura”, limpia, transparente, sin tapujos. Los versos nos van descubriendo una reflexión sobre su vida y una autoevaluación que se despliega por distintos momentos de su existencia (“juventud/ madurez”) compuesta por aciertos y equivocaciones de los que el poeta es consciente y por los que sabe “que futuro y memoria se vengarán algún día”. El poeta que se descubre hombre deslumbrado por lo material -como la mayoría de los seres humanos-, por la “fama y dinero; bajas pasiones”, es el hombre que sucumbe a lo mundano y placentero, tanto que “vive deslumbrado” y se deja llevar por el “destino”. Ese hombre que sin embargo, es poeta y que “vive en el corazón de una palabra”. Dos versos iniciales sellan esta “confesión” como si el poeta solicitara al mismo tiempo la “absolución”: “si ustedes me lo permiten/ prefiero seguir viviendo”. No menos significativa es la conclusión que parece llevarnos de la petición de indulgencia, a la aceptación de la “pura verdad”, su existencia, que no es otra cosa que el reconocimiento de que “la vida es lo mejor que conoce”. Este poema parece conectar con la lectura que Juan Gelman hizo de la poesía de Francisco Urondo: “una ética que nace de la estética, algo rarísimo y precioso”, en cualquier caso, la fusión del hombre con el poeta; del mundo con la poesía; de las cosas materiales con las palabras...

Aprovecho mi intervención para hacer una propuesta a otro colega del Taller: “Milonga del marginado paranoico”, “No puedo quejarme” o “Muchas gracias”  (poemas póstumos de Francisco Urondo).

miércoles, 17 de marzo de 2010

Prefiero seguir viviendo… “La pura verdad” de Francisco Urondo por Sarli Mercado





El juego en que andamos: ¿cómo expresar el esplendor de esta poesía? Comparto entonces ciertos versos luminosos que cautivaron mi primera lectura.  Hasta ahora sólo he leído sus primeros tres libros Historia antigua, Lugares, Nombres. Aquí los títulos y algunos comentarios o citas. Quizás alguno de los compañeros haya coincidido conmigo y desee reflexionar sobre uno de estos poemas.

Bar “la Calesita”.  Un elogio al etílico y dulce bienestar.  La cueva/el bar: el mito, transformado. 


De Lugares. (TodosLa brevedad es un silencio que cede a las imágenes toda su irradiación. 

B.A. Argentine. Lleno de destellos, con claves para un lector cómplice —aquél marcado como el poema por la cartografía de los aires argentinos—y el final que se impone impactante.

Fin y principios.  “Estoy en los ruidos de la tristeza /…en el clamor encontrado…”

Carlos Gardel. Retrato, en clave de tango, del señor de los tristes de los aires del Sur.

África cansada. “a la furia de un grito sostenido…/ Una voz eterna envolviendo para siempre un tiempo que derrotará toda postergación”.

Carta abierta. Una de las más hermosas epístolas al amor, creadora de nuevos modos de articular la pasión, el encuentro amoroso, ¿el desamor?: canto melancólico a la vida que es la muerte y la poesía.

La pura verdad.  “Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;/… puedo hablar y escuchar la luz y el color de la piel amada y enemiga y cercana”. 

martes, 16 de marzo de 2010

Algunas palabras de acercamiento - David García

Hola a todos, ésta es sólo una pequeña entrada para empezar a reconocer a Urondo. He de decir que no he leido la entrevista de la entrada anterior, ni apenas nada sobre su vida... como hemos comentado varios compañeros, creo que es más justo acercarse al creador sólo mediante su legado, porque persona y persona poética son distintas...¿o no?¿el poeta es un "emisario" o alguien que escribe sobre lo que conoce? en fin, todos hemos leido autores de toda clase, pero yo sigo pensando que la poesía "mística" y todas sus ramificaciones hasta hoy es la Poesía, venga en la forma que venga.
Bueno, he leido algunos de los primeros poemas de Urondo, de Historia Antigua, Lugares, y de Nombres (los que aparecen en la antología de Visor). En los dos primeros, hay poesía desnuda, implacable, y construida con un simbolismo implícito que me maravilla. Parece, que Urondo tiene una concepción vital muy... natural, salvaje, casi nietzscheana: "uno se siente allí ferozmente feliz", "herido está de tiempo que lo contiene, de crueldad, ...", etc. Abarca con su mirada mucho más, si se me permite la osadía, que Bonifaz, el cual era más un arquitecto de la palabra; Urondo parece un cantor (ah, Lezama...) en el más amplio sentido de la palabra. También tengo que reconocer que no suelo aguantar poemas de más de 2-3 páginas, y hojeando la antología, parece que Urondo tiene una querencia por estos cantos largos y cambiantes. B.A. Argentine me pareció sublime: una mujer, un camino, un hombre que duda, pocas veces los rincones del pensamiento tan entrelazados y que a la vez permitan tocar una ciudad a alguien que nunca la ha visitado... pero aún así no pude terminarlo, me supone demasiado esfuerzo leer con todos mis sentidos el mismo poema durante tanto tiempo.
Por cierto, Juan, aún no tengo en mis manos el libro de Neruda que mencionas, espero tener tiempo en breve.
Un saludo

David

lunes, 8 de marzo de 2010

Comenzamos la lectura de Francisco Urondo


Amigas y amigos, una vez leída la obra de Rubén Bonifaz Nuño, corresponde el turno de lectura a la poesía de Francisco Urondo.
En el programa del Taller de Lectura aparecía un texto sobre Francisco Urondo, escrito por Juan Gelman, que podéis leer completo en la introducción a los Poemas de Francisco Urondo publicados en la Colección Visor de Poesía.
Os propongo que, al igual que hicimos con Rubén Bonifaz, hagamos una selección de un poema de Francisco Urondo, añadiendo una novedad, que junto a nuestra selección hagamos un comentario al elegido por otro compañero.
Un último apunte sobre Rubén Bonifaz: la magnífica Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publicó en su número 70 una entrevista con él; os pongo el enlace por si os interesa leerla http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/7009/pdf/70estrada.pdf

miércoles, 3 de marzo de 2010

Varios por Juan Gelman


El Taller va adquiriendo vivacidad. Los participantes han comenzado a dialogar con otros participantes, a comentar sus comentarios. Es una intercomunicación muy bienvenida. Los aportes colgados en el blog acerca de la antología de Rubén Bonifaz Nuño muestran, una vez más, que se la ha leído a fondo y despiertan nuevas reflexiones.

Del soneto

Ana Rodríguez Callealta nos brinda su lectura del soneto Alguna vez te alcanzará el sonido y destaca la perfección de esa forma poética. Se da, por cierto, en el soneto que eligió. Pero sonetos se han escrito tantos y los logrados son tan pocos. ¿Cuántos hay como el de Quevedo Amor constante más allá de la muerte? El propio Lope, que cometió muchos, le escribe a su mecenas para pedirle ayuda y le dice que “la necesidad tiene la misma cara de hereje que la rima obligada de un soneto”. Bonifaz no obliga a las rimas, éstas le llegan por su oído de cantor.

Registros

Varios textos subrayan la sensibilidad lírica y humana de los poemas de amor de Bonifaz reunidos en esta antología y no falta testimonios conmovedores, como los de Ana, Alicia Naya, Borja Fernández Martínez, Luisa Tejada: dan cuenta de que un poema puede formar parte de una vida, transformarla, darle palabra.
La voz de Bonifaz Nuño es más amplia, sin embargo, y se puede percibir en esta reunión de sus poemas. Sarli Mercado y Marisol Villarrubia señalan la presencia de los pobres y marginados en las preocupaciones del poeta. Es así. Bonifaz tuvo una infancia dura y trabajó toda su vida. Aún hoy, a los 85 de edad, ocupa cada día su oficina en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sarli aborda otra cuestión que lo obsesiona y quedó escrita en Calacas, su libro más reciente: la muerte. Compárese el poema de Bonifaz que ella cita con el soneto de Quevedo y se verá cómo una misma actitud ante el propio final se expresa de maneras tan diferentes. Y no se trata, a mi juicio, de una cuestión de épocas, de presuntas escuelas, de clasicismo y modernismo: se trata de la voz de cada quien. La muerte es un asunto de la poesía desde que ésta nació y los matices de su expresión son infinitos a lo largo del tiempo.

El ritmo

David García escoge un poema que juzga representativo del ritmo que recorre buena parte de la obra del poeta. No se equivoca. En Esta noche de trenes… hay un equilibrio rítmico notable que se apoya en eneasílabos, acompañados por heptasílabos y endecasílabos. Es una geometría –como bien dice David- que Bonifaz maneja de forma magistral. El poeta ha ido más lejos: en los poemas de La flama en el espejo que Alicia Naya cita, se advierte el extraordinario apareamiento rítmico de eneasílabos y decasílabos que dan una música inédita, hasta Bonifaz, en la poesía de lengua castellana. Lo mismo ocurre con la combinación de eneasílabos, decasílabos y eneasílabos en el poema elegido por María José Sanjuan. Acuerdo además con David en su descripción sensible de la escritura del poeta y lo invito, invito a todos, a comparar esa arquitectura con la de los eneasílabos de Fin de mundo, libro de Pablo Neruda publicado en 1969. A ver qué piensan, a ver qué dicen.

domingo, 28 de febrero de 2010

La tarea del poeta: reflexiones sobre la poesía de Rubén Bonifaz Nuño (Sarli Mercado)

“Llega fácilmente el dolor; atiende…” y “Para los que llegan a las fiestas…” de Los demonios y los días  (1956) o “Algo se me ha  quebrado esta mañana” de Fuego de pobres (1961) son algunos de los poemas que han marcado mi lectura de la poesía de Rubén Bonifaz Nuño.   Versos que evocan, no el amor de la pareja —tema recurrente en su poesía— sino el dolor, la injusticia y  la angustia del ser humano al igual que la ansiedad del poeta que los nombra.  Puede ser que se trate de, como señala Sandro Cohen en el prólogo de la Antología, otra manera de invocar al amor, aquel que desde la perspectiva de la cábala o de la mística amorosa es el amor fraterno o social (10).  Si leemos detenidamente versos como los del poema “Llega fácilmente el dolor; atiende…”(49) nos encontramos no ante una representación del dolor físico cualquiera, sino ante el dolor existencial, aquel del que padecemos todos, ¿acaso sin excepción?:

Llega fácilmente el dolor; atiende
el primer llamado que le hacemos.
Para que el dolor nos toque, es bastante
con dejar caer las manos,
y pensar en algo y querer tenerlo.

Y con qué dureza nos aprieta
después el dolor, con su mano sorda;
nos dobla los hombros, nos empuja
siempre más adentro de donde estamos,
y ya no es posible escapar, y nada
nos queda sino aguantar en silencio.  (énfasis añadido, vv 1-11)


Porque no podemos todavía
dar o recibir sin hacer daño;
nos falta humildad y trabajo; fuerza
para no negar que somos débiles. (vv 41-44)

Es este el dolor que sentimos ante la derrota, el que apunta a nuestros más íntimos deseos negándolos, el que doblega nuestra ser y del cual no podemos escapar.  La personificación del dolor con su “mano sorda” que nos “toca”, “aprieta”, “dobla” y “empuja” le permite a Nuño crear una imagen de este que apela tanto a nuestras sensaciones físicas como psíquicas señalando así su realidad e inminencia. Al convivir con el dolor somos también parte de él, y esto es lo que Nuño nos hace ver: somos nosotros mismos los que también creamos o causamos ese dolor en el otro aquel que también es un nosotros, un yo.  La postura ética de Nuño consiste incluso en hacernos tomar conciencia o en crear en nosotros una responsabilidad por la condición de nuestra sociedad contemporánea marcada por la violencia, la pobreza, el abuso de poder y la muerte.  Es por esto que el poema concluye apuntando a la “humildad” y al “trabajo” como las cualidades de las que aún carecemos.
            La invitación al ejercicio de introspección que nos propone Nuño aparece de manera más enfática en el  poema “Algo se me ha quebrado esta mañana”(75) en cuyos versos se configura un yo que auto-cuestiona su ser y sus circunstancias. Como he mencionado en mis comentarios anteriores dedicados a la elección de este poema, de estos versos surge una suerte de espejo cóncavo en el que se refleja el yo, tanto del poeta como del lector, un encuentro “cara a cara” con nosotros mismos, con el que “vive dentro”. Cito las dos primeras estrofas y la final:

Algo se me ha quebrado esta mañana
de andar, de cara en cara, preguntando
por el que vive dentro.

Y habla y se queja y se me tuerce
hasta la lengua del zapato,
por tener que aguantar como los hombres
tanta pobreza, tanto oscuro
camino a la vejez; tantos remiendos
nunca invisibles, en la piel del alma.

….

Escribo amargo y fácil,
Y en el día resollante y monótono
De no tener cabeza sobre el traje,
ni traje que no apriete,
ni mujer en qué caerse muerto.

Con un lenguaje claro y sencillo con cierto tono coloquial (“se me tuerce hasta la lengua del zapato”, “ni mujer en qué caerse muerto”), Nuño nos presenta un yo en crisis, exhausto, ¿roto?, frente a la pobreza en la que vive y habitan “los hombres” y “el alma”, una pobreza creadora del hambre, la miseria, y el dolor, el escenario en el que participamos todos y no sólo como testigos. “Escribo amargo y fácil” nos dice en los versos finales para recordarnos que ésta es también la voz y la angustia del yo poeta.  Su tarea, sin embargo, no consiste sólo en señalar la carencia de los humanos; el poeta escribe también a favor de la esperanza y de nuestra perseverancia. En palabras de Bonifaz Nuño:  

…para  los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamiento;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia porque
no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo. 
                                               
Con estos versos que cierran el poema “Para los que llegan a la fiestas” (45), Nuño hace de la poesía un lugar para los que luchan y persisten en soledad, ante la derrota, la pobreza o el desconsuelo; porque, como sugieren los versos, hay que poner el corazón, fracasar y seguir, armarnos de valor y de claridad de pensamiento para mover y cambiar nuestras circunstancias, nuestro mundo y el mundo de los demás[1].


[1] Como diría Miguel Hernández en su poema “El mundo es como aparece”

martes, 23 de febrero de 2010

Un poema de Rubén Bonifaz Nuño, por David García

Esta noche de trenes,
de poblaciones emigrando,
de corporales sueños, de violadas
respiraciones en la arena
movediza del viaje, lo recuerdo.
(Fue, tal vez, necesario el incipiente
amor; callar a solas con extraños,
y las cosas más tiernas,
mientras la boca se endurece
y una crecida barba, de cadáver
reciente, me prolonga.)

Y sin embargo, cuántas veces
te habrán reconocido; por los ojos,
o por la ausencia que dejaste;
por el cabello sobre el hombro, al irte,
y el andar que descubre lo que eras.

Pues sé que nos pusieron,
al nacer, otro nombre, y un camino
que recorrer, y un tren para el camino.

Un tren sonámbulo que huye,
en dirección opuesta, irreversible,
de los que cruzan ya perdidos;
por un saludo heridos ya de muerte,
marcados para siempre, señalados;
buscadores de un signo en la mazorca
muchedumbre de rostros.

Y todo esto sin falta, aconteciendo;
todo pasando,
todo viniendo y alcanzando y yéndose.

Amiga, no me olvides; no me olvides,
amigo; no te pierdas, espérame.

Como a la máscara del baile,
vengo de lejos a ocupar mi cara;
por detrás y en silencio, a mis balcones
lacrimales, al sabor de mi boca,
al olor de las cosas que esperabas.

Estoy sin tierra firme; estoy saliendo,
a donde quiero, de estas últimas
lentas horas de viaje que termina;

sombra larguísima, pantano
de silbatos, de ruedas que repiten
su palabra distinta a cada uno;

estaciones mendigas, como fechas
alumbradas apenas, donde duele
lo que se aprende dormitando.
No me olvides, espérame.

Yo, el de las cartas sin destino;
el de palabras no creídas,
el que siembra en lo oscuro, te lo pido.



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He escogido este poema porque, a mi parecer, representa muy bien el ritmo poético que Rubén marca a lo largo de buena parte de su obra. La palabra de Rubén es lenta, como han apuntado estupendamente otros compañeros, es como un río que se detiene en miles de pequeños meandros, formando una geometría que sólo se intuye tras recorrerlo mil veces; 
me interesa mucho su contención, su aparente "tranquilidad" en la expresión... es la antítesis a la poesía de Idea Vilariño, todo sangre, ¿verdad? Rubén va construyendo su tono poco a poco, aportando variaciones pequeñas, sutiles, en cada estrofa y utilizando magnificamente esos pequeños requiebros métricos para captar tu atención y guiarte por el poema. A mí, personalmente, me encanta la resonancia de los eneasílabos, me parece que pueden llegar a tener un equilibrio rítmico ideal, y este poema es un ejemplo maravilloso de ello. 
El ritmo métrico es indistinguible, con todo ello, del tono semántico del poema, un canto pequeño al tiempo, al tiempo de la memoria y una rebelión personal contra el olvido. Un poema necesario, un poema en el que, despacio, utilizando esas "armas" clásicas que maneja como nadie y que ha sabido trasladar a la poesía actual sin que suenen rancias, Rubén deja entre líneas la esperanza del instante eterno. Un saludo a todos, y disculpad también por la tardanza.

jueves, 18 de febrero de 2010

Comentario de Alicia Naya a los poemas de Rubén Bonifaz Nuño (Luz que regresa. Visor)

Yo, el de las cartas sin destino
el de palabras no creídas
el que siembra en lo oscuro, te lo pido.
                                                                      Rubén Bonifaz

Ningún otro poeta, ha despertado en mi, tanta ternura y me ha llevado a desear ser a la vez; amante, heroína o madre. Encuentro que es de una generosidad enorme en el amor, este poema, es casi una oración;

“Dios te salve”
(…)
Que permita que vivas como eres
que mi amor no te duela,
y que sea siempre esperada
el fruto de tu vientre

                      (De Imágenes) -Pag. 29-

El poeta es, a veces héroe, otras, la amante es la heroína.

(...)
Y, si en vértigo de abismo
Tu pelo se desmadeja.
Todavía, con brazo heroico
Sostienes a tu pareja.

                                 Ramón López Velarde

“Rosa primera, flor de flores”
(...)
Y al partir la noche, da la estrella
para cruzarla a salvo; alianza
y amor de contrarios establece;
estrella en si misma y consagrado
soporte, en si misma, de la estrella
                                       (De La flama en el espejo) -Pag.99-

“La que sabe y puede, la que sola”
se atreve y tácita se guarda;
la que en la oscuridad temida
el sol regenera con la espada,
descubre los puentes de la música.
(...)
Como el ángel guardián, no cesa
ni desampara, y descendiendo,
espíritus de amor infunde.
(…)
                                (De La flama en el espejo) -Pag. 108-

“Te abraza la lluvia en su descenso”
(…)
Llueve y e afano. Tú me abrazas
en mi caída; me descifras
(…)
                                (De El templo de su cuerpo ) -Pag.162-

Otras veces, oímos resonancias de El cántico espiritual de San Juan:

“Hay un asombro silencioso”
(…) , y en sus ojos
amor es la única respuesta.
(…)
Lumbre sin humo que en su centro
-sin consumirse- se alimenta
(…)
                                    (De La flama en el espejo) –Pag. 104-

“Habla; y en su lengua persevera”
(…)
Maduros esplendores cálidos;
cintura de llamas que no queman
(…)
Ya conducido por su mano,
de claras almenas protegido,
colmado, junto y en silencio
(…)

Rubén, poeta de una vastísima cultura poética y una sensibilidad exquisita para la BELLEZA, termina este poema con dos versos que te instalan de inmediato en el paraíso.

Aroma oscuro de manzanas
huerto de granados florecidos.

                                (De La flama en el espejo) -Pag. 107-

Hay poetas, que se conforman con crear un cauce artificial para depositar en él, sus palabras, sus versos; en Rubén, esto no parece suficiente y busca, un momento especial, un relámpago, que haga, que las palabras circulen por él haciendo cauce.:

“En el instante, ella se sabe”
inmortal ahora, sola dueña
del solar claramente de relámpagos
que abrasa, abierto, y que fulmina.
(…)
                                 (De La flama en el espejo) –Pag.114-

Y, por último, una de las descripciones poéticas mas hermosas sobre la mujer:

“Qué absurdo, que imposible”
(…)
¿En dónde, dime, entonces
esconderías el amor, tu orgullo
de estar perdidamente loca,
tu corazón infatigable,
tu corona de llamas, tu costumbre
de estar haciendo luz a todas horas?

Gracias Rubén por tu generosidad, por que tantos momentos únicos que te has permitido sentir, no se pierdan en el olvido, como este atardecer.

Centímetro a centímetro por Luisa Tejada

Pocas veces un poema simula lo que en un diálogo concurre: la retroalimentación de enunciados, la comunicación de ideas, la comunión de los sentimientos encontrados, casi diría, la esencia del pecado mismo.


He escogido este poema -"Centímetro a centímetro"-, del libro El manto y la corona (1958), porque en suma, me parece una "delicia". ¡Y qué delicia! Es uno de esos poemas "tocables", a los que si vuelves, una segunda, una tercera,... te sigue llamando, te sigue buscando, te sigue siguiendo. 

Una constante y gran acierto en el poema es la contradicción, ese juego de palabras semánticamente opuestas, que juntas son armoniosas y que Rubén ha recreado magistralmente: 


...ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente...


...el abierto aire total en que me pierdo y gano...


...qué delicia la de ponerme lejos nuevamente...


Y esta una de mis estrofas favoritas: 


...Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.


A continuación, el poema en su totalidad:



CENTÍMETRO A CENTÍMETRO

Centímetro a centímetro
-piel, cabello, ternura, olor, palabras-
mi amor te va tocando.
Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.
Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarle de "usted", para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.
Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.
Es como si dijeras:
"cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.
      El manto y la corona, 1958.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Comentario al soneto "Alguna vez te alcanzará el sonido" por Ana Rodríguez Callealta

Lo primero que necesito hacer es disculparme. La llamada de atención que acabo de recibir me ha despabilado rápidamente. A mi favor debo decir que hace tiempo que leí y comenté este poema, pero una serie de circunstancias personales que se reducen a febrero, el mes de los exámenes, me han impedido estar centrada y recordar activamente que debía subirlo. Reitero mis disculpas y estoy absolutamente de acuerdo en que esto es una responsabilidad de la que ni siquiera pretendo desasirme. Por mi parte, no volverá a suceder.

En lo que se refiere al tema que nos ocupa, he escogido un soneto maravilloso, que ha comenzado a formar parte de mi vida de una forma irreversible. Supongo que los que viven como yo de la poesía, comprenderán esta incapacidad para desprenderse de un poema cuando lo tenemos ante nuestros ojos.

En primer lugar, he escogido un soneto porque, desde mi punto de vista, es la forma estrófica más difícil de construir y a su vez, la más perfecta. Un buen soneto puede ser el mejor poema que se haya leído nunca si está bien hecho.

Me gusta este, en concreto, porque como a todos nos ha pasado alguna vez, mis experiencias personales me llevan a sentirme muy dentro, muy cerca, muy viva. Se me eriza la piel de pensarlo.

Es un poema lento, "silencioso", sereno. Está lleno de las tópicas antítesis petrarquistas del siglo XVI, re-utilzadas en un nuevo contexto, que dota al poema de una sensibilidad exquisita. Encontramos, a su vez, la tópica imagen de la cárcel de amor de la poesía de cancionero. La fusión es perfecta.

Es un poema triste y aletargado, que alberga dentro de sí el sentimiento de amor más puro, incondicional. Retrata de una manera sublime la manera en que podemos llegar a sentirnos "invisibles" cuando el amor no es correspondido.

Creo que sobran motivos para escoger este soneto.

Espero que lo disfruten tanto como yo.

Alguna vez te alcanzará el sonido
de mi apagado nombre, y nuevamente
algo en tu ser me sentirá presente:
más no tu corazón; sólo tu oído.

Una pausa en la música sin ruido
de tu luz ignorada, inútilmente
ha de querer salvar mi afán doliente
de la amorosa cárcel de tu olvido.

Ningún recuerdo quedará en tu vida
de lo que fuera breve semejanza
de tu sueño y mi nombre y la belleza.

Porque en tu amor no alentará la herida
sino la cicatriz, y tu esperanza
no querrá saber más de mi tristeza.

domingo, 7 de febrero de 2010

Alegria y dolor. Mis reflexiones sobre Rubén Bonifaz por Marisol Villarrubia

En los poemas que he leído de Rubén Bonifaz Nuño he encontrado abrumadoras verdades que se desgarran estrofa tras estrofa, escondidas probablemente tras una falsa sencillez. Versos y poemas claros, imágenes directas que contrastan con otras que no lo son. Así parece que la poesía se debate entre esas zonas claras y evidentes, versos casi prosaicos que se deslizan tras otros sombríos en un juego entre la luz y la penumbra, donde parece intuirse el nacimiento de la esencia del ser humano: alegría y dolor.

El dolor de vivir, el dolor de los pobres y desfavorecidos, convertido en un extraño canto de “bienaventuranza”, como en No es una desgracia abrir los ojos,
[...]
Bienaventurados los que padecen
la nostalgia, el miedo de estar a solas,
la necesidad del amor; los hombres,
las mujeres tiernas de ojos amargos;
los que en su comida han recibido
lo gordo del caldo del sufrimiento.

Porque de ellos es la desesperanza,
el insomnio, el llanto seco, las rejas
de todas las cárceles, el hambre,
y la fuerza lírica y el impulso
para desquiciar la desventura.



El hombre triste o desfavorecido en otros poemas toma conciencia del papel que desempeña en este mundo de ricos y pobres; de seres felices y otros desventurados. Ese hombre consciente de su existencia se asoma a esas otras vidas de dicha que intensifican todavía más su padecimiento aunque “vale la pena vivirlo”, “pisar su fracaso y seguir” ya que lo contrario sería “ser vencido”,
[...]
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.


Encontré, confieso, no sin dificultad, como esa esencia humana de padecimiento, en otros poemas se transforma en pasión y juego amoroso de encuentros y desencuentros (perderte-descubrirte-descubro-perdido):

Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.

Un sentimiento efímero que en otros poemas se modifica. Rubén Bonifaz hace que el amor terrenal y físico transcienda, a diferencia del dolor, lo humano y material convirtiéndose en algo espiritual, en “alma” (Te amé siempre/ desde antes/ Tú desde siempre estabas en mi sangre/ y en el alma de todas las cosas que he querido). Y cuando ya estamos instalados en esa especie de ensoñación, el amor vuelve a cambiar de rostro y se funde con el dolor en una suerte de existencia que constituye nuestra verdadera humanidad, de nuevo alegría y dolor, de la que hablábamos al principio.
[...]
Porque yo estuve solo
quiero pensar que tú estuviste sola.
Que no te fuiste, que dormías.
Que me dejaste sin dejarme,
y me necesitabas
para poder estar contenta.

De cualquier modo, he recobrado
mi lugar en el mundo: regresaste,
te volviste accesible.

Me devuelves el tiempo,
el dolor, los caminos, la alegría,
la voz, el cuerpo, el alma,
y la vida y la muerte, y lo que vive
más allá de la muerte.

Me lo devuelves todo
encarcelado en la apariencia
de una mujer, tú misma, a la que amo.

De nuevo un poeta, esta vez Rubén Bonifaz Nuño, nos ha entregado algo de sí mismo: su poesía. Nosotros lectores encontraremos o no su mensaje, nos gustarán más o menos sus poemas, nos apropiaremos o no de sus imágenes, de sus sentimientos y a veces, algunos trataremos de explicarla lo que siempre será, en mi opinión, una tentativa fallida por desvelar sus enigmas, lo más íntimo del poeta, su ser.

Breve comentario del primer soneto de La muerte del ángel (1945) por Borja Fernández Martínez

Si nace de tus manos y es oscura
la angustia de sentirme atardecido;
si sueño, si por ti me es concedido
hacer eterna y fácil mi amargura;

si es evidente mi dolor y es dura
tu voluntad de verme oscurecido
como el viento de noche sucedido
entre su arteria vegetal madura,

te puedo dar, como si fuera tarde,
una sola palabra, y retornar
a lo perfecto que en mis manos arde.

O dejarte llegar inesperada
hasta tu misma voz, adelantar
y hacerte nula ante la sombra dada.

El contacto entre dos cuerpos como el origen de la poesía, como una primera sensación poética: el v.1 clama por la oscuridad de ese instante vivido, la angustia que siente el poeta frente al papel mientras cae la noche. Se está evocando el instante del roce enamoradizo y juvenil con la amada mediante un toque de ensoñación. Bonifaz Nuño asume la desdicha y la obligación de perpetuar la escena mediante palabras. Impresionante y sugestiva contradicción en el v.2: eterna y fácil amargura. Un poema es imperecedero y lo sabe la consciencia creadora del poeta. El conflicto entre ser tan «fácil» escribir un soneto y la eternidad que conlleva no debería ser comparable porque el dolor relatado, v.5, implica a su vez una cierta levedad existencial. Y sin embargo la amada puede ver la caída, un sentimiento tan interno puedo ser manipulado por su voluntad e incluso precipitar la oscuridad (ver la relación entre atardecido y oscurecido, v.2 y v.6). Pero se puede hacer una cosa antes de crear el poema que se está escribiendo, decirla una sola palabra. ¿Qué palabra? Habrá que figurárselo. Inquietante es la realidad de que lo perfecto (la poesía) se encuentra en una forma sonora y gráfica, pues lo dolorosamente feo es humano y no depende de nosotros si no de los factores externos a nuestra voluntad. Por eso, decir esa sola palabra para que quede manifestada como una máxima, decir algo aunque no sirva de mucho: lo importante es haberlo dicho aunque caiga en «vano», pues nada será en «vano» si a través de la escritura puede ser imperecedero. También se puede dejar llegar inesperada hasta tu misma voz, que lea ella dichos versos. Será entonces cuando el poeta pueda anular la voluntad controlada por el tiempo y por ella y devolverla a través de la belleza lo horrible que él recibió como una sombra dada. El soneto, en conclusión, trasmite con toda naturalidad la fuerza de la poesía, su finalidad, y a parte de ser además de tema amoroso (aunque más bien trata del desamor) también tiene unos tintes metapoéticos pues como ya he mencionado, escribir sobre los sentimientos íntimos provoca una reflexión sobre el canal de trasmisión, es decir, sobre la función que adquiere o proporciona la materia y la estructura poética.

viernes, 5 de febrero de 2010

Poema y comentario de María José Sanjuan

Hola, hace unos días que terminé de leer el libro de Rubén Bonifaz nuño, en honor a la verdad quiero decir que el libro,los poemas de la antología de visor,que es lo único que he leído de él, me han gustado de forma desigual, algunos me han gustado mucho, he logrado que me abrieran el pecho, que me emocionaran y otros por el contrarío me has resultado tan oscuros y crípticos que no me han gustado nada, para ser más exacta me han dejado absolutamente fría, demasidas palabras para no decir nada, sorry, espero que la opiniónes de los compañeros me ayuden a encontrar en esos poemas lo que me ha sido imposible encontrar en solitario. Espero no ser excomulgada.
Siguiendo la sugerencia de Jesús, mando un poema con el cual si que me he identificado, he sentido tantas veces lo mismo al ver las ventanas iluminadas entre la oscuridad de la noche, esas pantallas, esas cortinas de humo tras de las que se esconde lo que amamos, lo que odiamos, lo que desconocemos, lo que olvidamos.
En fin un bellísimo poema.
Cambiando de tema, me ha resultado muy complicado acceder al blog.
Y cambiando otra vez de tema, los comentarios de los compañeros sobre Idea Vilariño me parecieron de gran hondura,en fin muy, muy buenos.Yo envié un comentario pero no llegó, a ver si llega este. Un abrazo a todos.

DE NOCHE CON PASOS LENTOS...

De noche con pasos lentos,
caminando, viendo las ventanas opacas,
por las despobladas calles de alguna
ciudad, en la hora más honda y ciega;
cuando ya ninguno vela, y el aire
pesa con el sueño de las gentes.

Me sorprendo dulcemente, imagino
quiénes, cómo son los que duermen:
hombres fatigados, niños pálidos,
mujeres bellísimas cuyos cuerpos,
misteriosamentre enternecidos,
flotan como larvas en sus capullos
de sábanas puestas hace tres días.

Siento, raras veces pude sentirlo,
que las soledades y los deseos
llegan: buscan dentro de mí, me buscan.

Tras una ventana de éstas podrías
estar, indefensa, durmiendo,
tú para quien fue demasiado simple
la caja de vidrio que te encerraba
en mi corazón de veinte años,
y a quien un tendero anónimo
tomó como criada, tranquilamente,
después de pasar por un juzagado
y un vestido blanco y una iglesia.

¿Qué claros pilares sueñas de oro,
qué mareas cálidad, en costas
que nunca verás estando despierta?

Duermes, y estás libre, y te sonríes;
olvidas tus pisos lavados, tu cocina,
y los calcetines que aborreces.

Acaso esta misma noche en que pienso,
en este momento, mientras camino
por estos lugares próximos,
estás escuchando en alguna parte
las cosas que no te dije, el silencio
que no comprendiste: me has econtrado.

Y algo que yo tuve olvidado
mucho tiempo sube por mi tristeza
y va descubriéndose en secreto,
y me va ligando a ternuras
ajenas, a oscuros tormentos, a nostalgias.

jueves, 4 de febrero de 2010

Reflexiones III. Selección de poema/s de Rubén Bonifaz Nuño. (Sarli E. Mercado)


ALGO SE ME HA QUEBRADO ESTA MAÑANA…

Algo se me ha quebrado esta mañana
de andar, de cara en cara, preguntando
por el que vive dentro.

Y habla y se queja y se me tuerce
hasta la lengua del zapato,
por tener que aguantar como los hombres
tanta pobreza, tanto oscuro
camino a la vejez; tantos remiendos
nunca invisibles, en la piel del alma.

Yo no entiendo, yo quiero solamente
y trabajo en mi oficio.
Yo pienso: hay que vivir; dificultosa
y todo, [n]uestra vida es nuestra.  (muestra)
Pero cuanta furia melancólica
hay en algunos días. Qué cansancio.

Cómo entonces
pensar e[n] platos venturosos (el)
en cucharas calmadas, en ratones
de lujosísimos departamentos,
si entonces recordamos que los platos
aúllan de nostalgia, boquiabiertos,
y despiertan secas las cucharas,
y desfallecen de hambre los ratones
en humildes cocinas.

Y conste que no hablo
en símbolos; hablo llanamente
de meras cosas del espíritu.
Qué insufribles, a veces, las virtudes
de la buena memoria; yo me acuerdo
hasta dormido, y aunque jure y grite
que no quiero acordarme.

De andar buscando llego.
Nadie, que sepa yo, quedó esperándome.
Hoy no conozco a nadie, y sólo escribo
y pienso en esta vida que no es bella
ni mucho menos, como dicen
los que viven dichosos. Yo no entiendo.

Escribo amargo y fácil,
Y en el día resollante y monótono
De no tener cabeza sobre el traje,
ni traje que no apriete,
ni mujer en qué caerse muerto.
                        (De Fuego de pobres, 1961)


¿Y HEMOS DE LLORAR PORQUE LAS COSAS…

¿Y hemos de llorar porque las cosas
están así sobre la tierra?
Hay una mujer, quedan amigos
Y el desprecio, Flaca, a lo que dueles.
No sé si habré de morir todo;
No todo he muerto; mientras vivo,
Me vienes guanga, compañera.
                        (De Calacas, 2003)



Gracias Jesús por la sugerencia de compartir un poema. Para mí fue imposible elegir un solo poema, así que agregué uno más al de Fuego de pobres (1961): el último de Calacas (2003). Son poemas escritos en dos momentos distintos en la vida del poeta y sin embargo hay cierto eco entre uno y otro. Ambos me invitaron a reflexionar sobre nuestro presente, sobre los múltiples modos de la pobreza, sobre la responsabilidad ética del individuo, la mía y la que siente el poeta. Reflexionar sobre las tragedias del presente, las de este siglo XXI y las que aún están con nosotros del pasado siglo. Hoy somos testigos de las continuas guerras en el Oriente Medio; de la experiencia de pobreza en Haití que sólo la naturaleza ha logrado ponerla en la lente, en el ojo de todos; o la crisis económica global —para nombrar sólo las que ahora eligen mencionar los medios de masa— “¿Hemos de llorar porque las cosas están así sobre la tierra?”pregunta Bonifaz Nuño. Y es que la pobreza de la que habla no es sólo la que golpea y hiere a los desposeídos, es también una pobreza de espíritu de “el que vive dentro” de nosotros mismos, como nos recuerda en los versos de “Algo se me ha quebrado esta mañana…”.  Como ante un espejo cóncavo, el poeta apunta aquí al yo, a la memoria y a la muerte: la “Flaca” compañera de llegada “guanga”.   4/2/2010


Lectura de Rubén Bonifaz Nuño

Como acordamos en el encuentro que celebramos en la Casa de América, este mes de febrero corresponde la lectura de Rubén Bonifaz Nuño. 
Algunos compañeros me han enviado ya sus textos. Os recuerdo que uno de los mayores atractivos del blog es la posibilidad de comentar esos textos y  mantener una grata conversación sobre poesía. 
Sabéis que una de las ediciones disponibles de la obra de Bonifaz Nuño es “Luz que regresa. Antología” editada por Visor.

lunes, 25 de enero de 2010

Algunas cuestiones por Juan Gelman

Varias intervenciones acerca de la poesía de Idea Vilariño muy interesantes, apropiadas y motivadoras han aparecido hasta ahora en el blog del Taller de Lectura y todas tienen algunas cosas en común. La más importante: los textos analizan la poesía de Idea desde una lectura cabal y, sobre todo, a partir de lo que su obra propone. Conocemos esa clase de críticos que nos quieren imponer su propia concepción de la obra de arte y que le niegan mérito a una mesa porque no es un dinosaurio. Me gustaría verlos tratando de escribir con la Olivetti o el ordenador apoyado sobre un dinosaurio.

Poesía y biografía

Marisol Villarrubia Zúñiga señala que intentó abstraerse de la relación Idea Vilariño/Juan Carlos Onetti, del compromiso político, la vida y las posibles influencias literarias de la poeta uruguaya. Creo que es el modo más justo y gozoso de leer. Obvio es que no hay
obra de arte, por abstracta que parezca, ajena a la experiencia de vida del autor, pero ahí se detiene la cosa. El poeta, como cualquier persona, interroga los rostros de esa experiencia con la imaginación, pero él trata de encontrar respuestas en la expresión. Así la biografía es transformada y se vierte, diferente a sí misma, en escritura.

¿Quién es el o la que escribe?

Alicia Anaya cita versos de Idea que aluden a este asunto (en relación con otro al que me refiero más abajo) y su conclusión es clara: el poeta mismo no sabe qué está haciendo. Es cierto, pienso. Muchos creadores han hablado de ese “otro” que es quien verdaderamente escribe. Sería un “otro” del poeta que intenta una expresión liberada de la palabra impuesta y de los acomodamientos del lenguaje al trato con la cotidianeidad. Proust dio, a mi juicio, una definición precisa del fenómeno: el que dicta es alguien que mora en lo más profundo del que escribe y a quien éste no conoce hasta que le da palabra. Como San Juan decía, es un no saber sabiendo.

Nuevamente el contenido

Alicia vincula ese “no saber” con la cuestión del contenido de un poema, una pregunta que instalé en el texto de bienvenida a los participantes del Taller, y sugiere que, a veces, ni el poeta sabe cuál es. Blanca Fernández no opina lo mismo: menciona Para decirlo de alguna manera y estima que el poema de Idea “no dice nada de lo que dice, es decir, es como la conciencia que brota de la mente siendo el poema el soporte (la mente) y la luz lo que trasciende del poema (la conciencia)”. A José David García Callejas (me gusta que me llamen Juan sin más), los poemas que le interesan son aquéllos en los que el “argumento” se diluye “en el ritmo, en la raíz” y en los que “las palabras acaban siendo una pequeña parte del mensaje”. Aunque parecen reflexiones disímiles, juntas construyen la trenza del problema.
Aclaro, sin embargo, que traje a colación el tema por la vieja discusión entre los “contenidistas” y otros, dicho esto con simpleza. Los primeros valoran lo que el poema avienta literal y directamente al lector más que la voz, la respiración y el tono del decirlo en los que late, como infiere José David si no lo interpreto mal, el verdadero mensaje del poema. El poeta podrá no saber qué está escribiendo, pero se empeña en escribirlo, con mayor o menor fortuna. Y a ésta se suma otra paradoja: el yo del poeta procura su propia abolición para decirse.

Leer poesía

Ana Rodríguez Callealta recorre con justo elogio el abanico de sentimientos que mueven a Idea expresa, critica la puntuación de sus versos porque le hacen perder significación y destaca Ya no “un poema en el que es muy fácil sentirse dentro”. José David prefiere “los recovecos, las esquinas oscuras, los silencios (del lenguaje) que tanto dicen”. Son dos maneras de leer poesía. La última es más lenta y transforma al lector.

jueves, 14 de enero de 2010

El hilo en equilibrio por Alicia Naya

Como aceptar la falta
de savia
de perfume
de agua
de aire
cómo
                                               Idea Vilariño - NO

Idea Vilariño, nos lleva a través de su obra, como una equilibrista tentando los polos. “La vida es/ un hilo en equilibrio/ que al separar/ dos puntos equidistantes/ puede acercarles.” -Laura Paussini-. Siempre en busca de la savia, del perfume. Para ello, atraviesa desiertos, “noches oscuras”.
          
Cuando la vida se hace monótona, pesada; como antídoto a la muerte del alma por ausencia de belleza, es obligado refugiarse en el arte, la poesía. “Como en la playa virgen/ dobla el viento/ el leve junco verde/ que dibuja/ un delicado círculo en la arena/ así en mi/ tu recuerdo”  I. V. de Poemas de amor. “Comparación”.

Siempre que me acerco a un texto literario, me hago las siguientes preguntas ¿Qué es la creación literaria? ¿Cuál es su fin? O el porqué de su magia. (Un poema se puede quedar grabado en la mente hasta llegar a obsesionarte, hay que memorizarlo, y,  ni aún así, logras librarte de él. Bueno, para ser justa, al principio, te hace gravitar con su melancólica tristeza, te aferras a su belleza como naufrago al madero) “Decir no/ atarme al mástil/ pero/ deseando que el viento lo voltee/ que la sirena suba y con los dientes/ corte las cuerdas y me arrastre al fondo/ diciendo no no no/ pero siguiéndola”  I. V. de No.

Juan, en la bienvenida al blog, te haces, nos haces varias preguntas, acera del acto mismo de la creación –por lo visto- asunto que la poesía universal aborda, desde hace mas de 40 siglos, camino que aún transitamos buscando respuestas. Pero, acaso, no son las preguntas como esas “estelas” de las que habla Machado . Mientras que las respuestas solo sirven para un momento y lugar determinado. La primera que nos haces; ¿Cuál es el verdadero contenido de un poema? Como nos sugiere Idea en el diálogo que mantiene con el desaparecido Rubén Darío, a veces, quizás, ni es mismo creador lo sepa. “De dónde te brotaban/ tus versos tus palabras/ …..No se. Acaso del pobre/ corazón arrancado/ ….Vaya a saber. Tal vez/ tú mismo no supieras. De Poetas “A un poeta”.  

Otro poema de Idea que me ronda; “Es otra/ acaso es otra/ ….y no busca saber/
no necesita/ y no quiere saber/ nada de nadie.”  La poesía también, como un acto de amor, de seducción. En este poema parece haber un paralelismo entre dos polos, lo que sientes, cuando el acto amoroso/poético, trasciende y te deja   “…..y quedeme no sabiendo/ toda ciencia trascendiendo”  San Juan. Y el lenguaje, con el que se intenta -a veces  algunos lo consiguen- dejar constancia de esos momentos únicos. Dice Octavio Paz, en un ensayo sobre el poeta mejicano, Ramón López Velarde, que este ha escrito dos de los versos mas hermosos y enigmáticos del pasado siglo. Estas líneas, expresan la experiencia de la unidad en la diversidad  y oponen al frenesí de la pasión, la serenidad de la compasión. López Velarde dice que se conmueve:

                                   “con la ignorancia de la nieve
                                     Y la sabiduría del jacinto”

Los grandes poetas –para nuestro disfrute-, conseguís esto, que vuestra poesía germine, dé vida. Lográis conectar con esa vía láctea de amor que atraviesa el universo y sólo toca a aquél que en un momento determinado, es capaz de abstraerse a egoísmos y prejuicios terrenales.

Sé que sólo me he fijado en alguna arista del poliedro que es Idea Vilariño, que abarca desde la luz tenue del amanecer, pasando por la luz del mediodía  “…. esa hora de miel en que el instinto/ zumba como una abeja somnolienta”  Hasta la más oscura y profunda noche, “….el mar cerrado/ el mar/ sólo en la noche, envuelto/ …”   Pero, siempre al final del poema, consigue hacer tintinear una pequeña luz. Trataré de explicarlo; a veces en sus nocturnos, la oscuridad es total, la soledad se mastica “… solo como un muerto en su caja doble/ golpeando la caja y aullando/ …” de Nocturnos  “Se está solo”. Pero ante este abismo, ella retrocede e intenta a través del lenguaje, una comunicación/comunión con nosotros –con un posible lector-. En el final de poema -A un retrato de Charles Baudelaire- “….Ahí estas solo/ hijo de perra/ solo/ pero aún estás pidiendo/ con la mano escondida/ tras la pupila fiera.”  Nos da una muestra mas de cómo ilumina la oscuridad; con su mirada, humaniza a  “el poeta maldito”, como Mary Shelley crea a su monstruo” – en el que en realidad se reflejaba ella misma-.  un ser fragmentado en pedazos, pero a la vez conmovedoramente humano en su necesidad de afecto. La tétrica luz de esta obra, ha atravesado el camino desde su creación hasta nuestros días. El argumento en este caso, como apuntas Juan  en el blog, ¿no residirá en que nombra lo que no tenía nombre todavía? . El amor en Idea, siempre como hilo conductor, como bisagra que la une al mundo.

Los versos de Idea Vilariño emiten luz. La luz de un planeta ya extinto.