domingo, 7 de febrero de 2010

Alegria y dolor. Mis reflexiones sobre Rubén Bonifaz por Marisol Villarrubia

En los poemas que he leído de Rubén Bonifaz Nuño he encontrado abrumadoras verdades que se desgarran estrofa tras estrofa, escondidas probablemente tras una falsa sencillez. Versos y poemas claros, imágenes directas que contrastan con otras que no lo son. Así parece que la poesía se debate entre esas zonas claras y evidentes, versos casi prosaicos que se deslizan tras otros sombríos en un juego entre la luz y la penumbra, donde parece intuirse el nacimiento de la esencia del ser humano: alegría y dolor.

El dolor de vivir, el dolor de los pobres y desfavorecidos, convertido en un extraño canto de “bienaventuranza”, como en No es una desgracia abrir los ojos,
[...]
Bienaventurados los que padecen
la nostalgia, el miedo de estar a solas,
la necesidad del amor; los hombres,
las mujeres tiernas de ojos amargos;
los que en su comida han recibido
lo gordo del caldo del sufrimiento.

Porque de ellos es la desesperanza,
el insomnio, el llanto seco, las rejas
de todas las cárceles, el hambre,
y la fuerza lírica y el impulso
para desquiciar la desventura.



El hombre triste o desfavorecido en otros poemas toma conciencia del papel que desempeña en este mundo de ricos y pobres; de seres felices y otros desventurados. Ese hombre consciente de su existencia se asoma a esas otras vidas de dicha que intensifican todavía más su padecimiento aunque “vale la pena vivirlo”, “pisar su fracaso y seguir” ya que lo contrario sería “ser vencido”,
[...]
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.


Encontré, confieso, no sin dificultad, como esa esencia humana de padecimiento, en otros poemas se transforma en pasión y juego amoroso de encuentros y desencuentros (perderte-descubrirte-descubro-perdido):

Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.

Un sentimiento efímero que en otros poemas se modifica. Rubén Bonifaz hace que el amor terrenal y físico transcienda, a diferencia del dolor, lo humano y material convirtiéndose en algo espiritual, en “alma” (Te amé siempre/ desde antes/ Tú desde siempre estabas en mi sangre/ y en el alma de todas las cosas que he querido). Y cuando ya estamos instalados en esa especie de ensoñación, el amor vuelve a cambiar de rostro y se funde con el dolor en una suerte de existencia que constituye nuestra verdadera humanidad, de nuevo alegría y dolor, de la que hablábamos al principio.
[...]
Porque yo estuve solo
quiero pensar que tú estuviste sola.
Que no te fuiste, que dormías.
Que me dejaste sin dejarme,
y me necesitabas
para poder estar contenta.

De cualquier modo, he recobrado
mi lugar en el mundo: regresaste,
te volviste accesible.

Me devuelves el tiempo,
el dolor, los caminos, la alegría,
la voz, el cuerpo, el alma,
y la vida y la muerte, y lo que vive
más allá de la muerte.

Me lo devuelves todo
encarcelado en la apariencia
de una mujer, tú misma, a la que amo.

De nuevo un poeta, esta vez Rubén Bonifaz Nuño, nos ha entregado algo de sí mismo: su poesía. Nosotros lectores encontraremos o no su mensaje, nos gustarán más o menos sus poemas, nos apropiaremos o no de sus imágenes, de sus sentimientos y a veces, algunos trataremos de explicarla lo que siempre será, en mi opinión, una tentativa fallida por desvelar sus enigmas, lo más íntimo del poeta, su ser.

2 comentarios:

  1. Hola Marisol, gracias a tu aporte he conocido el poema "No es una desgracia abrir los ojos". No lo tenía en mi compilación. Es, para mí, buenísimo. Una crítica a esta sociedad consumista que nubla conciencias.
    Un saludo,
    Luisa.

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  2. Para mí, fue una sorpresa encontrar este poema. Una crítica a esta sociedad, como dices, que me pareció realmente desgarradora. Gracias por tu mensaje. Marisol Villarrubia

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