miércoles, 17 de febrero de 2010

Comentario al soneto "Alguna vez te alcanzará el sonido" por Ana Rodríguez Callealta

Lo primero que necesito hacer es disculparme. La llamada de atención que acabo de recibir me ha despabilado rápidamente. A mi favor debo decir que hace tiempo que leí y comenté este poema, pero una serie de circunstancias personales que se reducen a febrero, el mes de los exámenes, me han impedido estar centrada y recordar activamente que debía subirlo. Reitero mis disculpas y estoy absolutamente de acuerdo en que esto es una responsabilidad de la que ni siquiera pretendo desasirme. Por mi parte, no volverá a suceder.

En lo que se refiere al tema que nos ocupa, he escogido un soneto maravilloso, que ha comenzado a formar parte de mi vida de una forma irreversible. Supongo que los que viven como yo de la poesía, comprenderán esta incapacidad para desprenderse de un poema cuando lo tenemos ante nuestros ojos.

En primer lugar, he escogido un soneto porque, desde mi punto de vista, es la forma estrófica más difícil de construir y a su vez, la más perfecta. Un buen soneto puede ser el mejor poema que se haya leído nunca si está bien hecho.

Me gusta este, en concreto, porque como a todos nos ha pasado alguna vez, mis experiencias personales me llevan a sentirme muy dentro, muy cerca, muy viva. Se me eriza la piel de pensarlo.

Es un poema lento, "silencioso", sereno. Está lleno de las tópicas antítesis petrarquistas del siglo XVI, re-utilzadas en un nuevo contexto, que dota al poema de una sensibilidad exquisita. Encontramos, a su vez, la tópica imagen de la cárcel de amor de la poesía de cancionero. La fusión es perfecta.

Es un poema triste y aletargado, que alberga dentro de sí el sentimiento de amor más puro, incondicional. Retrata de una manera sublime la manera en que podemos llegar a sentirnos "invisibles" cuando el amor no es correspondido.

Creo que sobran motivos para escoger este soneto.

Espero que lo disfruten tanto como yo.

Alguna vez te alcanzará el sonido
de mi apagado nombre, y nuevamente
algo en tu ser me sentirá presente:
más no tu corazón; sólo tu oído.

Una pausa en la música sin ruido
de tu luz ignorada, inútilmente
ha de querer salvar mi afán doliente
de la amorosa cárcel de tu olvido.

Ningún recuerdo quedará en tu vida
de lo que fuera breve semejanza
de tu sueño y mi nombre y la belleza.

Porque en tu amor no alentará la herida
sino la cicatriz, y tu esperanza
no querrá saber más de mi tristeza.

1 comentario:

  1. Es interesante que hayas escogido un soneto...yo llevo tiempo dándole vueltas a la utilidad de las formas clásicas, pero aun no he llegado a ninguna conclusión, y lo cierto es que los sonetos de Rubén Bonifaz no me parecen de sus mejores poemas (esto es sólo una opinión, claro) ¿podrías comentar un poco más, porqué consideras el soneto como la forma más perfecta de construcción?
    Gracias, Ana, un saludo

    David

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