domingo, 7 de febrero de 2010
Breve comentario del primer soneto de La muerte del ángel (1945) por Borja Fernández Martínez
Si nace de tus manos y es oscura
la angustia de sentirme atardecido;
si sueño, si por ti me es concedido
hacer eterna y fácil mi amargura;
si es evidente mi dolor y es dura
tu voluntad de verme oscurecido
como el viento de noche sucedido
entre su arteria vegetal madura,
te puedo dar, como si fuera tarde,
una sola palabra, y retornar
a lo perfecto que en mis manos arde.
O dejarte llegar inesperada
hasta tu misma voz, adelantar
y hacerte nula ante la sombra dada.
El contacto entre dos cuerpos como el origen de la poesía, como una primera sensación poética: el v.1 clama por la oscuridad de ese instante vivido, la angustia que siente el poeta frente al papel mientras cae la noche. Se está evocando el instante del roce enamoradizo y juvenil con la amada mediante un toque de ensoñación. Bonifaz Nuño asume la desdicha y la obligación de perpetuar la escena mediante palabras. Impresionante y sugestiva contradicción en el v.2: eterna y fácil amargura. Un poema es imperecedero y lo sabe la consciencia creadora del poeta. El conflicto entre ser tan «fácil» escribir un soneto y la eternidad que conlleva no debería ser comparable porque el dolor relatado, v.5, implica a su vez una cierta levedad existencial. Y sin embargo la amada puede ver la caída, un sentimiento tan interno puedo ser manipulado por su voluntad e incluso precipitar la oscuridad (ver la relación entre atardecido y oscurecido, v.2 y v.6). Pero se puede hacer una cosa antes de crear el poema que se está escribiendo, decirla una sola palabra. ¿Qué palabra? Habrá que figurárselo. Inquietante es la realidad de que lo perfecto (la poesía) se encuentra en una forma sonora y gráfica, pues lo dolorosamente feo es humano y no depende de nosotros si no de los factores externos a nuestra voluntad. Por eso, decir esa sola palabra para que quede manifestada como una máxima, decir algo aunque no sirva de mucho: lo importante es haberlo dicho aunque caiga en «vano», pues nada será en «vano» si a través de la escritura puede ser imperecedero. También se puede dejar llegar inesperada hasta tu misma voz, que lea ella dichos versos. Será entonces cuando el poeta pueda anular la voluntad controlada por el tiempo y por ella y devolverla a través de la belleza lo horrible que él recibió como una sombra dada. El soneto, en conclusión, trasmite con toda naturalidad la fuerza de la poesía, su finalidad, y a parte de ser además de tema amoroso (aunque más bien trata del desamor) también tiene unos tintes metapoéticos pues como ya he mencionado, escribir sobre los sentimientos íntimos provoca una reflexión sobre el canal de trasmisión, es decir, sobre la función que adquiere o proporciona la materia y la estructura poética.
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Estimado Borja, gracias por tu lectura de este poema que yo, por ejemplo, no había leído. Me ha gustado mucho la interpretación que has hecho sobre "la palabra" en este poema. Es verdad que la poesía es una realidad "inquietante" que contrasta con el mundo de lo real, que es, como dices "lo dolorosamente feo". Estoy de acuerdo con la idea de que el ser humano es una marioneta movida contra su voluntad por los hilos del destino.
ResponderEliminarHa sido un placer leer tus comentarios. Marisol Villarrubia.
Gracias Borja, elegiste un hermoso poema acompañado por una lectura igualmente reveladora. Como dice Sandro Cohen en el prólogo de la Antología, algunos poemas amorosos de Bonifaz Nuño han llegado a superar al poema "Los amorosos" de Jaime Sabines y creo que este es claramente uno de ellos. Me pregunto a cuál de sus libros pertenece ya que éste precisamente no está en Luz que regresa Antología (Visor, 2007). Mil gracias.
ResponderEliminarSarli Mercado